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martes, 24 de enero de 2023

Libro póstumo habla de clubes homosexuales

 

Libro póstumo habla de clubes homosexuales

Presentes en seminarios de formación sacerdotal

Textos póstumos de Benedicto XVI amenazan con desatar un escándalo
Textos póstumos de Benedicto XVI amenazan con desatar un escándalo (foto: ANSA)
12:18, 21 ENECIUDAD DEL VATICANO REDACCIÓN ANSA

(ANSA) - CIUDAD DEL VATICANO 21 ENE - Un libro póstumo con textos del papa emérito Benedicto XVI, fallecido el 31 de diciembre a los 95 años, amenaza con provocar nuevas conmociones y turbulencias en la Iglesia católica.
    Publicado en Italia, el volumen se llama "Che cos'è il cristianesimo" ("Qué es el cristianismo", en traducción literal) y contiene textos inéditos escritos por Joseph Ratzinger tras su renuncia al trono de Pedro.
    "Este volumen, que reúne los escritos compuestos por mí en el monasterio Mater Ecclesiae, debe ser publicado después de mi muerte", escribió Benedicto XVI en una carta a los organizadores del libro, el teólogo Elio Guerriero y Georg Ganswein, secretario privado del pontífice emérito.
    En uno de los textos, Ratzinger denuncia la existencia de "clubes de homosexuales" en varios seminarios, refiriéndose a grupos que "actuaban más o menos abiertamente y que claramente transformaban el clima" en las escuelas de sacerdotes.
    "En un seminario en el sur de Alemania, los candidatos al sacerdocio y los candidatos al servicio laico vivían juntos.
    Durante las comidas conjuntas, los seminaristas permanecían juntos con representantes pastorales casados, acompañados en parte por esposas e hijos, y en algunos casos incluso por novias. El ambiente en el seminario no ayudó en la formación sacerdotal", acusó.
    Entonces Benedicto XVI dijo que un obispo incluso permitió la proyección de "películas pornográficas a los seminaristas, presumiblemente con la intención de permitirles resistir comportamientos contrarios a la fe".
    El lanzamiento del volumen se produce al mismo tiempo de la llegada a las librerías de un libro en el que el Papa Francisco comenta sobre la homosexualidad y afirma que "Dios no repudiará a ninguno de sus hijos", destacando las diferentes visiones entre conservadores y progresistas en la Iglesia.
    En la carta en la que pedía la publicación de estos textos sólo después de su muerte, Benedicto XVI afirmaba que ya no quería divulgar nada en vida debido a la oposición que sufría en su propio país.
    "La furia de los grupos contrarios a mí en Alemania es tan fuerte que la aparición de cualquier palabra mía provoca inmediatamente un clamor asesino", dijo entonces. (ANSA).

Toma de ANSALATINA.

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https://www.ansalatina.com/americalatina/noticia/papa_vaticano/2023/01/21/libro-postumo-de-benedicto-xvi-habla-de-clubes-gay_cf2f8ee9-cb77-4237-9dcc-236b63063cc5.html


viernes, 17 de febrero de 2017

Pensar, sencillamente pensar. Como alguien libre.


Artículo publicado el 12/02/2017


Quisiera destacar tres aspectos de la libertad de pensar, que es pensar sin categorías: la buena ciencia de punta contemporánea, la historia alternativa y la literatura, en particular la novela total. Quien piensa bien, y es libre, piensa más allá de las categorías y de la división de los géneros literarios, o más allá de las clasificaciones.
I
Es un muy acendrado comportamiento. Ya desde que Aristóteles lo estipulara en uno de los varios textos dedicados a la lógica, se convirtió en costumbre y norma pensar con categorías. Incluso alguien como Kant –quien sostenía que desde Aristóteles la lógica no había cambiado nada- piensa en los temas y problemas que le interesan en términos de categorías. Sólo que las suyas son distintas.
Pensar en términos de categorías significa, literalmente, etiquetar el mundo, la realidad, a los otros. Existen muchas maneras de comprender a las categorías, tales como esquemas, tipos, o clases.
El conflicto para ver y comprender el mundo puede ser explicado en términos bastante elementales. Se trata de establecer si vemos lo que conocemos, o bien si conocemos lo que vemos. La inmensa mayoría de los seres humanos sólo ve lo que ya conoce. Esto es, reduce lo nuevo que ve a esquemas, conceptos, imágenes y modelos explicativos ya establecidos y experienciados. Son muy pocos, porque es verdaderamente difícil, aquellos que se dan a la tarea de conocer aquello que ven.
Existe una sutil distinción en inglés, que no aparece como tal en español. Se trata de las distinciones entre tres tipos de categorizaciones: taggingpigeon-holing, y categorizing. Los tres significan, literalmente, etiquetar. Esto es, comprender y explicar el mundo y la realidad en esquemas, compartimientos, clasificaciones. Que es precisamente aquello en lo que consistía la filosofía aristotélica: un sistema de pensamiento de clasificaciones. Ulteriormente, claro, de jerarquías.
Si la antropología enseña que cada cultura se comprende a sí misma como el centro del universo, por derivación, cada cultura define al resto del mundo a partir de sus propios esquemas de pensamiento. Al fin y al cabo, el concepto mismo de cultura es conservador, en toda la línea de la palabra. Abogar por la importancia de las culturas es una manera, digamos, de ser un conservador progresista. En el siglo XVI había un mote para esto: el despotismo ilustrado.
El pensamiento que se funda en, y que trabaja con, categorías es tradicionalmente pasivo con los criterios de autoridad. Al fin y al cabo, siempre existe alguna autoridad que determina qué son y qué no son, qué pueden ser y qué no, las cosas. A pesar de que Aristóteles mismo argumentara en contra de los argumentos ad hominem y ad auctoritatem. Que no son los argumentos que se fundan en una autoridad, sino, más exactamente, aquellos argumentos con los que la autoridad está de acuerdo.
Y autoridades existen muchas y en todos los órdenes. Precisamente por ello es extremadamente difícil pensar contra las categorías. Todo ha terminado por convertirse en un atavismo. Al fin y al cabo el sentido común cree y trabaja con etiquetas, esquemas, tipos y clases de todo orden.
Stuart Kauffman es un biólogo con un enorme prestigio entre la comunidad científica. E incluso entre la parte más inteligente de la comunidad empresarial. Al fin y al cabo, el prestigio es algo radicalmente diferente a la autoridad. La buena ciencia no trabaja, en absoluto, con principios o criterios de autoridad. Por eso la buena ciencia es escasa y difícil.
Pues bien, Kauffman acaba de publicar su más reciente libro: Humanity in a Creative Universe (Oxford, 2016). Se trata de uno de esos muy raros libros que abordan el entronque entre ciencia y civilización. Pero no es este aquí el foco de interés.
Becario de la muy prestigiosa Becas MacArthur (“Genius Fellowships”), autor de artículos y libros de enorme impacto en varios órdenes, y con varios premios y reconocimientos, Kauffman –un hombre que ya comienza a hacerse algo grande (tiene a la fecha 76 años)- cobra la fuerza y la lucidez para plantear la necesidad de reconocer que la historia de la que provenimos merece una segunda mirada. En consecuencia, no hay que agachar enteramente la cabeza ante gente como Descartes, Kepler, Galileo, Newton, Laplace, Einstein, Bohr y Schrödinger, de un lado, o Darwin, Adam-Smith o Locke, de otra parte, por ejemplo. Todos ellos tienen el defecto de habernos enseñado a pensar con categorías. Y las cosas no resultan ni ha resultado afortunadas en varios dominios, desde entonces.
Extrapolemos. Quien de verdad piensa, piensa sin categorías, algo que va en contra de la mejor tradición de la civilización occidental. Por el contrario, quienes piensan, abierta o tácitamente en función de tal o cual categoría, propiamente no piensan, y solo siguen, sin saberlo, creencias y doctrinas. Al fin y al cabo la obediencia siempre ha resultado más cómoda, y el ejercicio de la autonomía del pensamiento ha conllevado confrontaciones y riesgo.
Cabe hacer una consideración que arroje una luz indirecta al respecto. En la Grecia antigua existían dos términos para designar el pensar. De un lado, en la Grecia arcaica, se trataba del nous (cuya verbo era el noein, y el correlato objetual era el noema). Posteriormente, con la llegada del período Clásico de la Grecia antigua, el pensar se asimila al conocer, y ambos se designan indistintamente como logos (cuyo verbo es el legein). Cabe adecuadamente traducir al primero como intuición, y al segundo como conocimiento racional basado en la palabra. La historia subsiguiente es el desplazamiento del nous por el logos, gracias a esa historia que se deriva de Platón y de Aristóteles. El resto es historia conocida.
La libertad de pensamiento y la libertad del espíritu pasa, y en muy buena medida se funda, en la capacidad de libertad con respecto a esos atavismos de las categorías. Toda la educación y la cultura de la civilización occidental no es otra cosa que la pasión por etiquetar el mundo, la realidad y el universo. Por ello mismo no sabe nada de movimiento, cambio, dinámicas.
Kauffman hace una invitación sensata y bien argumentada a pensar lejos, muy lejos, de esa tradición de categorías, etiquetas y clasificaciones. Pero lo hace (¿se atreve?) cuando al parecer, ya ha cruzado el mediodía y la tarde se acerca. Que es cuando la mayoría de científicos se atreven (¿logran?) a plantear desafíos. En este caso, desafíos civilizatorios.
Entonces vale recordar ese texto humorístico y brillante de Borges, y que Foucault repite al comienzo de Las palabras y las cosas: las mil y una formas de clasificar a la realidad. En ese libro maravilloso que es El libro de los animales fantásticos. Pensar contra la familiaridad de las cosas.
II
El más grande peligro para entender la sociedad, el mundo y la historia en general es el determinismo histórico. Según éste, la historia –por tanto, por extensión la economía, la política y demás- no es otra cosa que lo que sucedió y no hubiera sido posible que hubiera tenido de otra forma que como aconteció. Es exactamente por el determinismo histórico que existe la creencia, subsecuente pero errónea, de que la historia acontece por vía acumulativa.
El positivismo histórico es emblemático, institucionalista y aboga por el realismo (Realpolitik) cumpliendo así una función política bien determinada. Es el tipo de historicidad que gira en torno a fechas, acontecimientos, nombres y monumentos. Punto. Ya Nietzsche se pronunció contra la historia monumental.
La historia, sostenía con acierto un historiador de siglo XX (H. White), no es otra cosa que lo que el historiador dice que es. Por ejemplo, que sucedió. De aquí la importancia de narrar muy bien lo que sucede o lo que aconteció. Pero, al mismo tiempo, esto explica también la importancia estratégica de esta ciencia, y el hecho de que, al mismo tiempo, sea políticamente incorrecta.
Pues bien, como es sabido, la historia no se hace simple y llanamente con los métodos propios –archivística, distinción entre fuentes primarias y fuentes secundarias, la inferencia estadística, los argumentos mediante analogías, la tradición oral, y otros-. Adicionalmente, la historia se hace con base en tropología; esto es, el recurso de figuras literarias (anadiplosis, zeugma, hipérbaton, prótesis, prosopografía, y otras). Aunque existen antecedentes, prácticamente se trata de un movimiento interdisciplinario que se gatilla a partir de los años 1950s hasta la fecha.
Las fronteras entre la historia y la literatura son bastante menos rígidas de lo que una mirada académica pudiera hacerlo pensar. De manera general, cualquier buen científico debe, además, ser un buen narrador o contador de historias (story-teller).
Pues bien, la historia alternativa – también conocida como historia alterna (alternative history, alternate history) es un género que se sitúa más cerca de la literatura –en el mejor de los sentidos- que de la ciencia de Clío (lo que quiera que ello sea). El argumento de base de la historia alternativa consiste en un distanciamiento de la historia “oficial” o “real”, para concentrarse en variaciones de la misma a partir de razonamientos tales como: “¿qué hubiera sucedido si? (What if?). La lógica de contrafácticos resulta de gran ayuda en este plano.
De manera atávica, la historia alternativa juega con cruces de tiempos y cruces de actores, quiebres de tiempo, en fin, hebras de la historia que pasaron como menores pero que pudieran haberse hecho mayores, por así decirlo.
Otra manera como se conoce a la historia alternativa es como ucronía – y que designa aquellos acontecimientos y sucesos que no sucedieron en el tiempo real u oficial, sino que quedaron por fuera suyo pero que, posiblemente, hubieran alterado significativamente el curso de los acontecimientos. Como quiera que sea, es en este punto en donde la literatura y la historia coinciden y se refuerzan mutuamente para brindar más y mejores luces sobre el mundo, la sociedad y el tiempo.
La ficción histórica y la literatura histórica constituyen dos caras de una sola y misma moneda, cuyos perímetros sin embargo son móviles y amplios. La ciencia ficción y la literatura fantástica pero con base histórica, los universos ficticios y el permanente uso de la imaginación permiten tomar distancia con respecto al determinismo.
Lo cierto en cualquier caso es que el presente podría haberse desenvuelto de otra manera que como tuvo lugar. Nada en el pasado determina la historia del presente y ciertamente no de manera absoluta. (Entre paréntesis, la historia alternativa y la buena teoría cuántica coinciden en este plano, un tema que, sin embargo, debe quedar aquí por fuera por motivos de espacio. El tema de base es la idea de la teoría cuántica de la multiplicidad de mundos, una de las interpretaciones de la mecánica cuántica). Las ironías de la interdisciplinariedad en contra de las tradiciones disciplinares rígidas.
De esta suerte, la creación de divergencias históricas constituye un serio motivo de reflexión. Pues bien, lo fantástico es que la lista de libros, autores y trabajos en la dirección de la historia alternativa es amplia, sólida y creciente. Existen trabajos maravillosos que van desde el descubrimiento de América hasta la historia de Inglaterra, desde la segunda guerra mundial hasta la crisis de 1929 en E.U. Pero también autores del calibre como H. G. Wells hasta Philip K. Dick, Nabokov, Ph. Roth o Asimov, entre muchos otros. Una lista de libros sobre historia alternativa está disponible en el sitio:  https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_alternate_history_fiction.  Una mirada cuidadosa permite ver la variedad, la amplitud y la profundidad de los estudios en el campo. En español la lista de libros es bastante más limitada. Pareciera como si el uso de la libertad y la disposición al cruce de campos del conocimiento en español es aún una cuestión de deseos y propósitos.
El hecho determinante aquí es que la historia alternativa constituye una de las vertientes adicionales para pensar sin categorías, o más allá de las categorías. Se trata simple y llanamente de la más apasionante y difícil de las tareas: pensar, pensar libremente. Y narrar entonces, muy bien, lo que se piensa. Esta es la verdadera esencia o el ABC de la buena ciencia.
Desde el punto de vista epistemológico, el determinismo, que es la filosofía de todo realismo, trabaja y se funda, abierta o tácitamente, con categorías y categorizaciones. Por ejemplo, con la distinción de géneros literarios. Lo que no es sino una forma de convertir a la realidad en un fenómeno rígido. Al fin y al cabo, mantener a la gente en compartimentos aislados es cómodo y fácil. Y evita pensar.
La historia alternativa no es propiamente un campo en la historiografía. Pero por eso mismo constituye un motivo para pensarlo dos, tres veces. Y sobre todo: para disfrutarlo. En verdad, la lectura de los trabajos sobre historia alternativa son refrescantes y oxigenadores. Una razón para volver la mirada hacia ellos.
III
No es el comienzo, sino la consagración de una carrera personal y literaria. Escribir una novela total es el sueño callado, inconfeso, de todo gran escritor; y el sueño compartido en veladas secretas u oscuras, de todo buen lector. La novela total.
Si bien existen antecedentes de lado y lado de la geografía, como el Tirant lo Blanch de Joanot Martorell o el propio Quijote de Cervantes, hasta el nunca bien ponderado La historia de Genji de Murasaki Shikibu, puede decirse que los orígenes modernos de la novela total es ese sueño largo y sistemático de Balzac La comedia humana – en varios volúmenes.
También en el siglo XIX encontramos de M. Proust En búsqueda del tiempo perdido, y el infaltable La guerra y la paz de L. Tolstoi. Obras en las que los autores dejan su alma, su corazón y su vida, como en toda novela total. O esa cumbre singular que es Madame Bovary, de Flaubert. Sin olvidar, inaugurando el siglo XX, jamás, el Ulises de J. Joyce, un libro infaltable en la memoria de todo buen lector.
Se trata de obras colosales, de cientos y cientos de páginas, aunque no siempre tiene que ser así. De volúmenes algo más pequeños, encontramos Pedro Páramo de J. Rulfo –la más pequeña de todas las novelas totales-, Cien años de soledad de G. García Márquez o acaso también La guerra del fin del mundo de M. Vargas Llosa. Y para completar el panorama en América Latina, esa joya que es 2666 de R. Bolaño.
Sin embargo, mi propósito aquí no es elaborar una lista (incompleta) de las novelas totales, y menos un estado del arte. Para ello hay otros espacios y tiempos. (Los filósofos, a su manera, tienen una estupenda novela total, La fenomenología del espíritu, de Hegel, la mejor novela de toda la historia de la filosofía occidental).
Hace tiempo los psicólogos y pedagogos han dejado establecido que sólo cuatro cosas enseñan a pensar: la música, las matemáticas, la filosofía y los idiomas clásicos o algunos idiomas modernos. La idea de base es que pensar significa pensar al mismo tiempo en el todo y en los detalles, algo que se puede ilustrar sin dificultad en cada uno de estos cuatro campos. Pues bien, quiero sostener que la novela total también enseña a pensar – pero sólo a los adultos; esto es, a aquellos que al mismo tiempo pueden jugar y establecer diferencias entre la ficción y la realidad (algo que no es ni evidente ni fácil en el caso de los niños).
No hay una canónica de lo que se sea una novela total. Sin embargo, sí hay varios rasgos generales que son infaltables en una novela para que lo sea. Algunas carecen de comienzo y de final, pero hay otras que sí lo poseen y son totalizantes. En cualquier caso, Como la vida misma, está compuesta de varios relatos, muchos de los cuales se cruzan, mientras que hay otros que acontecen en paralelo, sin contacto directo entre ellos. La realidad y la fantasía se cruzan, se entrometen, se alimentan mutuamente y se diferencian: pero nunca es enteramente claro cómo ni en dónde.
Existen por tanto historias reales e historias ficticias, humor y odio, ironía y sarcasmo, verdad e imaginación, y nos vemos arrastrados por ellos, pero no sabemos muy bien dónde comienza el uno o el otro; o dónde terminan.
La literatura juega con los datos, las evidencias y los hechos. Pero es libre con respecto a ellos. La libertad de la literatura no es otra cosa que la libertad de la existencia misma, pues hay que reconocer que los seres humanos verdaderamente libres o auténticos, no saben de planos, contextos, marcos, perímetros o categorías. Además, saben de flujos, movimientos, cruces, procesos, dinámicas y tropos.
Una novela total se incuba a lo largo de muchas, muchas lecturas, anotaciones y reflexiones, trasnochadas y largas jornadas de mucho trabajo. En varias ocasiones una novela total ha sido póstuma o ha quedado inacabada – una ironía de la vida (una ironía, como la vida misma). Detrás de una novela total hay mucha investigación, combinada con magnificas dosis de erudición e inteligencia. Sin ambages, se trata de la obra de un genio o de una obra genial – esa categoría que está más allá de la categorías. En una época de banalidades, al genio lo descubrimos sólo cuando lo/la vemos.
Desde luego que existen grandes, magníficas novelas. La lista es tan amplia como se prefiera. Pero están, además, en una dimensión propia, aquellas que son novela total. Una manta que tiene contiene todos los tejidos imaginables, todos los estilos, y hebras que pueden estar disponibles o que son imaginables. La novela total es aquella que de entrada nos captura, y de la cual, a lo largo de cientos y cientos de páginas no podemos sustraernos. Algo complicado en una época de literatura fácil, de noticias planas de canciones de tres minutos, y de películas y series con risas pregrabadas e ingenieradas.
La novela total nos ofrece una visión prismática del mundo, de la realidad, del alma humana. El manejo de la cotidianeidad es una sinfonía muy bien tejida con la biografía, el análisis social y la perspectiva histórica. La novela total es la novela imposible con la que sueña –de día o de noche, despierto o entre imágenes cambiantes- el escritor – luego de haberlo intentado todo, y de haberse ensayado a sí mismo.
La novela total nos permite una comprensión total del mundo, de la vida, de los seres humanos –más allá de la geografía, o con con ella precisamente. La condición humana (lo que remite a ese libro esencial de Malraux, por lo demás). Cada novela total es una verdadera inflexión en la literatura, y luego, nada vuelve a ser lo mismo. Hasta la siguiente gran inflexión. Mientras tanto, colinas, altas montañas, picos de diversa estética y tamaño, y algún valle y abismo, cuando no alguna zona costera.
Si Hegel sostenía que la filosofía es una época elevada a concepto, la novela total es un haz del mundo elevado a relato – a bastante más que a relato, pues también hay mucho concepto, muchas intuiciones, mucha reflexión y antojos y caprichos. Todos muy bien tejidos, brillantes.
El más importante significado de una novela total es que cada una es diferente a las demás, cada una es un universo propio, no existe una canónica de lo que es una novela total, y cada una está auto-contenida, pero nos lanza más allá de nosotros mismos al mismo tiempo.
Es apasionante el concepto. Los físicos, los biólogos o los matemáticos jamás han pensado ni se han acercado a una idea semejante. La ciencia permanece prisionera de los hechos y los datos. La literatura, por el contrario, posee una libertad infinitamente mayor que la ciencia, aunque en el imaginario del pensamiento sea algo desconocido, o que va de suyo. (Acaso la única excepción en las ciencias se encuentre en las matemáticas, en ese capítulo singular que es el Programa Langlands – algo que merece un espacio propio en otro texto aparte. El Programa Langlands, la búsqueda de la gran síntesis en matemáticas).
La novela total es ficción, pero que desborda ampliamente la división de los géneros literarios, el trabajo con categorías, el plano de delimitación de conceptos y de figuras literarias, en fin, que desconoce abierta y deliberadamente los límites del pensamiento – en cualquier acepción o gama de la palabra. La más alta libertad del espíritu humano en el plano de la creación cruzada, la mejor expresión de la verdadera interdisciplinariedad – una fruición leerla – cuando amamos esas obras monumentales que son novela total.
IV
El buen pensamiento no sucede más del lado de la ciencia, que del lado de la filosofía, en las artes o en la literatura, por ejemplo. El buen pensamiento no se deja encasillar.

Fuente        http://critica.cl/filosofia/pensar-sencillamente-pensar-como-alguien-libre

**  Carlos Eduardo Maldonado 
Profesor Titular, Facultad de Ciencia Política y Gobierno, Universidad del Rosario, Bogotá. Colombia.
Ph.D. en Filosofía por la K.U.Leuven (Bélgica), Post-doctorado como VisitingScholar en la Universidad de Pittsburgh (EE.UU); Postdoctorado como VisitingResearchProfessor en la CatholicUniversity of America (Washington, D.C.), AcademicVisitor, Facultad de Filosofía, Universidad de Cambridge (Inglaterra). Profesor Titular de carrera de la Universidad del Rosario. Ha sido reconocido con la “Distinción al Mérito”, por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú, por sus contribuciones a la filosofía y a la complejidad (2008). Premio Portafolio, Mención de Honor Categoría Mejor Docente (2008). “Profesor Distinguido”, título conferido por la Universidad del Rosario (2009). Profesor de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad del Rosario. Investigador Senior (Colciencias). SENIOR MEMBER – IEEE. Doctor Honoris causa, Universidad de Timisoara (Rumania), 2015.
Trabaja en ciencias de la complejidad, y sobre el tema ha publicado en la revista Complexity (Wiley&Sons), con la editorial SpringerVerlag, en los Proceedings de la International ConferenceonComplexSystems, en las más importantes revistas en América Latina; autor además de 10 libros y más 20 capítulos sobre complejidad.Socio Honorario del IPCEM (Instituto del Pensamiento Complejo Edgar Morin), (Perú).
contacto: carlos.maldonado@urosario.edu.co

martes, 27 de enero de 2015

Recordando.... ya son setenta años....

.....En varias ocasiones el Gobierno polaco ha llamado la atención del mundo civilizado, en documentos diplomáticos y publicaciones oficiales, por la conducta del Gobierno alemán y de los autoridades alemanas de ocupación, militares y el civiles, y por los métodos empleados por ellos "para reducir la población a la esclavitud virtual y definitivamente exterminar la nación polaca". Estos métodos, introducidos primero en Polonia, fueron subsecuentemente, aplicados en grados diversos, en otros países ocupados por las Fuerzas Armadas de los Reich alemán....
...... Los informes más recientes presentan una terrible realidad, de como los judíos en Polonia han sido reducidos.
Los nuevos métodos de exterminación en masa, que fueron aplicados durante los últimos meses confirman la intención deliberada de eliminar en su totalidad la población judía de Polonia, así como los miles de judíos que han sido deportados de países de regiones occidentales y centrales de Europa, así como del mismo Reich alemán.
Londres, 10 de Diciembre de 1942.

Eso conforma parte de un documento enviado por el Ministerio de Relaciones Exteriores del Gobierno de Polonia en el Exilio, firmado por Edward Raczynski.
Existe en varias Bibliotecas del mundo un libro llamado EL LIBRO NEGRO DE POLONIA, donde las anteriores denuncias y muchas otras más se hacen, en medio de la Segunda Guerra Mundial, en que se puede visualizar la intención del Régimen Nazi, de eliminar totalmente a la población judía, que se encuentre dentro de los límites de sus territorios, propios y conquistados. Este libro fue editado en el 1945 en español y creo, sin tener seguridad de ello, que en algunas bibliotecas argentinas se puede encontrar.
EL LIBRO NEGRO DE POLONIA debe su nombre por ser el registro de la barbarie alemana, cometida en Polonia, desde el 6 de octubre de 1939, hasta el final de junio, 1941, por tanto es la cobertura de veintidós meses, como se muestra en los documentos contenidos en este libro.
Esto representa la colección más asombrosa de documentos, 2 mapas, varios textos y 185 reproducciones fotográficas, describiendo la realidad del nuevo orden alemán en Polonia. Documentos que son franco testimonio de la barbarie indescriptible, que serviría como base para cualquier acusación posterior.
Un libro que las nuevas generaciones deben conocer, para el estudio de uno de los capítulos más negros de nuestra historia como civilización y que diera como resultado una de las heridas mas sangrientas al pueblo judío. El Holocausto
Se puede conseguir una copia digital en esta dirección:
https://archive.org/details/TheBlackBookOfPoland1942

Hoy se evoca en Polonia el 70 aniversario de la liberación de Auschwitz, 300 sobrevivientes y representantes de 40 países se reunen para rememorar.
Estamos aquí para evitar que el horror que nosotros vivimos se repita, esa es nuestra lucha y lo que nos mantiene en pie, afirmaron algunos de los antiguos prisioneros del campo de concentración, que acudieron hasta Oswiecim ( Auschwitz )
León Schwarzbaum, actualmente de 94 años, fue confinado en el campo en 1943 y liberado en Enero de 1945, esta quizá sea una de sus últimas visitas al campo, que cada día va teniendo menos sobrevivientes. Ha dicho: Por eso es importante nuestra presencia hoy aqui, para demostar a quienes niegan el Holocausto, que de verdad si sucedió, que nosotros fuimos los testigos de ese horror, y que no debe volverse a repetir.
Un millón de judíos asesinados
Auschwitz fue construidos por los alemanes en 1940, como lugar para encarcelar polacos y que se convirtió en el lugar de exterminio mas extenso de Europa.
Según el museo, 1.1 millones de personas fueron asesinadas en este campo de concentración y exterminio. Los nazis al verse derrotados quisieron borrar las huellas de la barbarie, no les dio tiempo para terminar, los rusos llegaron el 27 de Enero, liberando el campo.
Y esto se repetía en otros campos, en otros países
En total fueron exterminados 6 millones de judíos, en todos los campos de concentración que se fueron abriendo en Europa, donde se aplicaron métodos similares de exterminio masivo. En Polonia fueron aniquilados 6 millones de ciudadanos, de los cuales tres millones eran judíos.
Hay grupos que niegan lo sucedido, pero los testimonios, los documentos, las nuevas investigaciones demuestran que su posición no es sostenible, que es falsa.
Es una obligación de los miembros de esta gran sociedad llamada humanidad, el conocer los hechos, el divulgarlos y sobretodo evitar por todo los medios de que se vuelva a repetir.






martes, 28 de enero de 2014

El hombre eléctrico de Perew



 

Con el cambio de centuria, entre el siglo XIX y el XX, apareció una moda que duró poco más de una década que recogía la tradición europea de los autómatas del siglo XVIII. Puede que no fueran tan refinados como los artilugios de salón dieciochesco, pero los “robots” antropomorfos eran lo último en diseño mecánico. Hubo bastantes de estos hombres de metal recorriendo las calles de los Estados Unidos, sobre todo, aunque en Europa también se fabricó alguno.
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El autómata de Perew. Caras y Caretas, 8 de diciembre de 1900.
De entre todos los hombres de metal, destaca el gigante construido por Louis Philip Perew, un tipo de lo más ingenioso que dio vida a varios “hombres automáticos” o, también, “hombres eléctricos”, como solía llamarlos. Como digo, el más sobresaliente era un hombretón metálico revestido con una especie de piel de cuero, para que no pareciera artificial, que se vestía al modo de la época y hasta tenía bigote. Con más de dos metros de altura, el cochero eléctrico era capaz, al menos según Perew, de tirar de un carruaje en el que se instalaban cómodamente dos pasajeros. Según se comentaba…
…la primera exhibición del autómata se efectuó en un amplio salón en Tonawanda, en presencia de gran número de personas. El hombre eléctrico anduvo, arrastrando un pequeño coche en el que iba el inventor, con paso firme, ligero y elástico y casi sin hacer ruido. Dos veces dio vuelta al salón, y cuando uno de los presentes preguntó si podría andar mucho tiempo sin descomponerse, él mismo le contestó: “Voy a ir desde Nueva York hasta San Francisco”. La voz salía como de un megáfono dentro de la máquina.1
Vale, era palabra de máquina, solo que había un matiz importante. El artilugio movía las piernas, pero no tiraba del vehículo, como es lógico. Todo era un complejo mecanismo de relojería pensado para que pareciera que el hombre de metal era quien tenía el protagonismo. En realidad, el coche tenía tracción trasera eléctrica, así de sencillo. En la mayor parte de las demostraciones se utilizaba un motor animado por baterías, pero cuando se deseaba recorrer un trecho considerable, se empleaba un pequeño motor de gasolina. Hombres automáticos como el de Perew fueron usados en ferias, campañas comerciales y políticas, llamando mucho la atención de la gente allá por donde pasaban. No se puede decir que caminaran realmente, pero lo importante era que parecía que lo hacían.
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Ilustración de una de las patentes de Perew.

¿Explosión de un bólido sobre Aragón en 1791?

¿Explosión de un bólido sobre Aragón en 1791?

mercurioHe comentado en TecOb varias veces cómo el 4 de enero de 2004 fue para mí uno de esos días que nunca podré olvidar. Justo sobre el lugar en el que me encontraba explotó violentamente un bólido que, convertido en fragmentos, dio lugar al famoso meteorito de Villalbeto.
El mes que viene trataré un caso similar sucedido sobre Madrid a finales del siglo XIX en la revista Historia de Iberia Vieja. Mientras buscaba en documentos históricos casos similares al que pude vivir hace ya casi diez años, encontré algo que no esperaba. Se trata de una descripción acerca de un evento que, en mi opinión, puede ser una de las primeras descripciones escritas de la explosión de un bólido sobre España de las que se tenga memoria. Esta descripción es tan parecida a lo que viví en 2004, que me emocioné al leer el texto. Se trata de un caso referido en Mercurio de España, edición de noviembre de 1791 (Consultado en la Biblioteca Nacional, Madrid). He aquí el texto original:
Aniñón, partido de Calatayud, 27 de octubre.
Ayer tarde, al tiempo de ponerse el sol, se observó desde este pueblo un fenómeno extraordinario. Hallábase el horizonte enteramente despejado en su centro y contornos, cuando atravesó por medio de él en todo su diámetro desde el SO al NE un meteoro encendido, semejante a un cohete volador visto de noche, de dejaba asimismo tras de sí un rastro luminoso.
Inmediatamente se oyó un formidable trueno parecido al tiro de un cañón, que repetido por las concavidades que forman las montañas circunvecinas, duró más de un minuto. La ruta que siguió la exhalación quedó señalada con una nieblecilla, que se divisó mientras duró el día, casi sin mudar situación. Un viento O bastante fuerte y muy frío, que en el propio día y en los anteriores había purificado la atmósfera, calmó desde aquel punto; hoy ha vuelto a levantarse, y se ha cubierto el cielo de nubes, que se han disipado después de algunas ráfagas de viento.

sábado, 11 de mayo de 2013

80 años de uno de los crímenes más grandes de la Historia


80 años de uno de los crímenes más grandes de la Historia .


 La belleza de la República de Weimar, donde la intelectualidad del mundo se reunía para expresar sus pensamientos, donde los grandes científicos se reunían para presentar sus investigaciones, acabo, fue sustituida por lo que luego llamarían el Tercer Reich. 
  El 10 de Mayo de 1933, grupos de estudiantes y profesores universitarios, unidos con la chusma cobarde se dedicaron a la quema de los libros que consideraban perjudiciales e indeseables para el espíritu germánico.
  Heinrich Heine, había dicho ”Donde se queman libros se terminan quemando también a las personas”. 

En 1933, las autoridades alemanas nazis se esforzaron por sincronizar organizaciones profesionales y culturales con la ideología y política nazi (Gleichschaltung). En línea con este empeño, Joseph Goebbels, Ministro Nazi de Esclarecimiento Popular y Propaganda, empezó a esforzarse por alinear el arte y la cultura alemana con los objetivos nazis. El gobierno purgó a las organizaciones culturales de judíos y de otros oficiales política mente sospechosos o que representaban o creaban obras de arte que los ideólogos nazis consideraban “degeneradas”. Un acto de persecución intelectual, cultural y política, que fue presenciado y auspiciado por miles de personas en toda Alemania, marcando el inicio de la persecución política, el ascenso del nazismo en Alemania y una premonición de los hornos en los que fueron eliminados los cuerpos de millones de personas inocentes, por tener una fe, una raza o una cultura diferente.
En su esfuerzo para sincronizar la comunidad literaria, Goebbels tenía un fuerte aliado en la Asociación de Estudiantes Alemanes Nacionalsocialistas (Nationalsozialistischer Deutscher Studentenbund, or NSDStB). Los estudiantes universitarios alemanes formaban parte de la vanguardia del temprano movimiento nazi y, a fines de la década de 1920, muchos tuvieron cabida en los rangos de varias formaciones nazis. El ultra nacionalismo y el antisemitismo de las organizaciones estudiantiles seculares de clase media habían sido intensos y explícitos durante décadas. Después de la Primera Guerra Mundial muchos de los estudiantes se oponían a la República de Weimar (1919-1933) y encontró en el nacionalsocialismo una buena forma de canalizar su hostilidad y descontento político.
El 6 de abril de 1933, la Oficina Principal de Prensa y Propaganda de la Asociación de Estudiantes Alemanes Nazis anunció públicamente una “acción contra el espíritu no alemán” en todo el país, que tendría como punto culminante una purga literaria o la “limpieza” (Säuberung) mediante el fuego. Las sedes locales de la organización proporcionaron a la prensa comunicados y artículos por encargo, ofrecieron listas negras de autores “no alemanes”, costearon la presentación de figuras reconocidas del nazismo para que hablaran en reuniones públicas y negociaron para obtener tiempo para transmisiones radiales. El 8 de abril, la asociación de estudiantes redactó sus doce "tesis" -- una evocación deliberada de las 95 tesis de Martín Lutero: declaraciones que describían los fundamentos de un idioma y una cultura nacional "puros". Publicaban las tesis mediante carteles que atacaban el “intelectualismo judío”, sostenían la necesidad de “purificar” el idioma y la literatura alemanes y exigían que las universidades fueran centros del nacionalismo alemán. Los estudiantes describieron su “acción” como una respuesta a la “campaña de difamación” mundial de los judíos contra Alemania y una afirmación de los tradicionales valores alemanes.
  Solo en Berlín, en la antigua plaza Opernplatz ( hoy día Bebelplat ), meses después de la llegada al poder de Adolf Hitler, sus seguidores quemaron mas de veinte mil libros de tendencia comunista y pacifista, libros de Marx, Heinrich, Thomas Mann, Stefan Zweig, Erich Kastner y Sigmund Freud.
  Miles de libros desaparecieron de las bibliotecas alemanas el 10 de mayo de 1933 durante la quema de libros perpetrada por el régimen nacionalsocialista. Se calcula que sólo en Berlín, los nazis quemaron esa noche 20.000 publicaciones de filósofos, científicos, poetas, escritores. Sus nombres pasaron a integrar las "listas negras". Muchos de ellos fueron asesinados, arrestados o enviados al exilio.
Después de 1933, las universidades alemanas tuvieron que renunciar a un quinto de su personal docente. Si a comienzos del siglo XX, las universidades alemanas eran las mejores del mundo, después de 1945 de la tradición de excelencia quedaba sólo el recuerdo. Los catedráticos que se quedaron tuvieron necesariamente que ver con el régimen nazi; sus publicaciones e investigaciones de esa época tuvieron que contar, necesariamente, con el beneplácito del gobierno de Hitler. Al final de la guerra, entre 60 y 70 por ciento de los catedráticos alemanes pertenecían al partido o a alguna organización nazi.
El 10 de mayo de 1933, en un acto simbólico de ominosa trascendencia, los estudiantes universitarios quemaron más de 25.000 volúmenes de libros “no alemanes”, presagiando un período de censura estatal y control de la cultura. La tarde del 10 de mayo, en la mayoría de las ciudades universitarias, los estudiantes de derecha marcharon con antorchas en “contra del espíritu no alemán”. Los rituales programados convocaban a altos funcionarios nazis, profesores, rectores y dirigentes estudiantiles universitarios para que se dirigieran a los participantes y espectadores. En los lugares de reunión, los estudiantes arrojaron al fuego los libros saqueados y “no deseados” con gran ceremonia, con bandas musicales, y los llamados “juramentos de fuego”. En Berlín, unas 40.000 personas se reunieron en el Opernplatz para escuchar a Joseph Goebbels pronunciar un discurso fogoso: “¡No a la decadencia y corrupción moral!” impuso Goebbels a la multitud. “¡Sí a la decencia y la moralidad en la familia y el estado! Así envío a las llamas las obras de Heinrich Mann, Ernst Gläser, Erich Kästner.”
Entre los autores cuyos libros los líderes estudiantiles quemaron esa noche se contaban socialistas famosos como Bertolt Brecht y August Bebel; el fundador del concepto de comunismo, Karl Marx; escritores críticos “burgueses” como el dramaturgo austriaco Arthur Schnitzler, así como “influencias extranjeras corruptoras”, entre ellas el autor americano Ernest Hemingway. Los fuegos consumieron también varios escritos del autor alemán Thomas Mann, que ganó el premio Nobel en 1929 y cuyo apoyo de la República de Weimar y critica del fascismo provocó la ira de los nazis, y los trabajos del autor de éxito internacional Erich Maria Remarque, cuya descripción impávida de la guerra, Sin novedad en el frente, los ideólogos nazis vilipendiaron como “una traición literaria a los soldados de la Guerra Mundial”. Erich Kästner, Heinrich Mann y Ernst Gläser, denigrados en la retórica devastadora de Goebbels, representaban los primeros críticos literarios alemanes del régimen nazi, aunque Heinrich Mann había ganado fama como el autor de Professor Unrat, que apareció en los cines alemanes en 1930 como “El Ángel Azul”; y Kästner era primariamente conocido por su literatura para niños y jóvenes. Otros escritores incluidos en las listas negras eran los autores americanos Jack London, Theodore Dreiser y Helen Keller, cuya creencia en la justicia social la animó a abogar por los discapacitados, el pacifismo, mejores condiciones para los obreros industriales, y el derecho al voto de las mujeres.
También estaba entre los libros quemados la obra del querido poeta judío-alemán del siglo XIX, Heinrich Heine, que escribió en Almansor, su obra de teatro de 1820-1821, la admonición famosa, “Dort, wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen": “Ahí donde se queman libros se acaban quemando también seres humanos”
Pero no todas las quemas de libros tuvieron lugar el 10 de mayo, como los estudiantes alemanes habían planificado. Algunas fueron pospuestas algunos días por lluvia. Otras, respondiendo a la preferencia de los capítulos locales de las organizaciones, tuvieron lugar el 21 de junio, el solsticio de verano, una fecha tradicional de celebraciones con fogatas en Alemania. No obstante, en 34 ciudades universitarias a través de toda Alemania la “Acción contra el espíritu no alemán” del 10 de mayo fue un éxito, lo que le valió una amplia cobertura en los medios. En algunas ciudades, especialmente en Berlín, hubo transmisiones de radio que llevaron los discursos, las canciones y las consignas ceremoniales “en vivo” a innumerables oyentes alemanes. La promoción de la cultura “aria” y la supresión de otras formas de producción artística fue otro esfuerzo nazi por “purificar” a Alemania. Naturalmente los autores judíos estaban entre los escritores cuyos trabajos eran quemados, entre ellos algunos de los escritores contemporáneos más famosos del momento, como Franz Werfel, Max Brod y Stefan Zweig.