sábado, 4 de abril de 2015

De Punta del Este a Panamá, el fin de la exclusión de Cuba

De Punta del Este a Panamá, el fin de la exclusión de Cuba

Ernesto “Che” Guevara, durante el famoso discurso que pronunció el 8 de agosto de 1981 en Consejo Interamericano Económico y Social, en la ciudad uruguaya de Punta del Este, la última cumbre continental en que participó Cuba, en una exclusión que finalizará durante la VII Cumbre de las Américas, el 10 y el 11 de abril, en Ciudad de Panamá. Crédito: Dominio Público
Ernesto “Che” Guevara, durante el famoso discurso que pronunció el 8 de agosto de 1961 en Consejo Interamericano Económico y Social, en la ciudad uruguaya de Punta del Este. Fue la última cumbre continental en que participó Cuba, en una exclusión que finalizará durante la VII Cumbre de las Américas, el 10 y el 11 de abril, en Ciudad de Panamá. Crédito: Dominio Público
LA HABANA, 3 abr 2015 (IPS) - Barack Obama había nacido hacía solo cuatro días cuando Ernesto “Che” Guevara fustigó públicamente la política hostil de Estados Unidos hacia Cuba durante una cumbre interamericana, reiteró la disposición de Fidel Castro a dialogar para resolver las diferencias en pie de igualdad y conversó en secreto con un enviado de Washington. 
Más de medio siglo después,  el ahora mandatario estadounidense asumió el reto de acercarse a su vecino país caribeño, superar enfrentamientos, rencores y tensiones mutuas e iniciar el aún incierto proceso de normalización de relaciones bilaterales.
Este 10 y 11 de abril se encontrará frente a frente en Ciudad de Panamá con el presidente cubano Raúl Castro en laVII Cumbre de las Américas.
Guevara habló en la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social de la Organización de Estados Americanos (OEA), el  8 de agosto de 1961, como delegado del gobierno cubano de Fidel Castro, a quien acompañó en la guerrilla que el primero de enero de 1959 derrocó al dictador Fulgencio Batista.
Ese encuentro, realizado en el balneario uruguayo de Punta del Este,  fue el último el que participó Cuba en el concierto interamericano, ya que sería suspendida de la OEA en enero de 1962, en una medida que el organismo levantó oficialmente en junio de 2009.
En la Conferencia de Punta del Este, Estados Unidos formalizó la  Alianza para el Progreso, una propuesta que el presidente  John Kennedy (1961-1963) había lanzado meses antes y que nació para contrarrestar la influencia de la Revolución cubana en la región, tras el fracasado intento de su gobierno de invadir la isla, en abril de aquel mismo año.
Al margen de esa reunión, el argentino Guevara sostuvo, el 17 de agosto, un encuentro confidencial en Montevideo con Richard Goodwin, asesor especial para asuntos latinoamericanos de Kennedy,  considerado por medios cubanos como el primer contacto directo de alto nivel entre autoridades de ambos países desde la ruptura de las relaciones bilaterales en enero de 1961.
Cinco días después,  la Casa Blanca aseguró en un comunicado que esa conversación fue solo un encuentro casual durante un coctel, en el que Goodwin se limitó a escuchar.
Prosperidad con equidad 

El tema central de la VII Cumbre será “Prosperidad con Equidad: El Desafío de Cooperación en las Américas”, un objetivo para el que la región necesita más que documentos y declaraciones formales.

Según el Panorama Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), por primera vez en esta década se observa un incremento en el número de pobres, lo cual significa que tres millones de latinoamericanos recayeron en la pobreza entre 2013 y 2014 y otros 1,5 millones engrosarán esas filas al terminar 2015.
Desde entonces, la historia bilateral registra varios intentos frustrados de acercamiento, hasta que ya retirado del poder Fidel Castro, en 2006,  su hermano y sucesor y Obama sorprendieron el 17 de diciembre con el anuncio de su decisión de restablecer las relaciones diplomáticas.
De ahí que buena parte de la atención hacia la VII Cumbre de las Américas se concentre en los dos gobernantes. Obama acude por tercera vez desde 2009 a este foro del que Cuba estuvo excluida hasta ahora y al que llega como resultado de una estrategia diplomática que condujo al   respaldo unánime de la región a su reinserción y a fraguar el deshielo con Estados Unidos.
El politólogo y ensayista cubano Carlos Alzugaray considera al respecto que también hay que tener en cuenta la creciente autonomía de la región. “Se puede decir que Estados Unidos ha perdido la iniciativa y espacio de maniobra” al sur del río Bravo o el río Grande, opinó a IPS.
Tras la  primera Cumbre de las Américas, en 1994, en la ciudad estadounidense de Miami, estas citas pasaron a exhibir una América Latina cada vez menos proclive a las ofertas de Estados Unidos, con un punto de quiebre en la proyectada Área de Libre Comercio de las Américas (Alca), que protagonizó la primera década de encuentros  y quedó enterrada en otro de ellos.
Fue en la IV Cumbre, en la ciudad argentina de Mar del Plata en 2005, cuando el país anfitrión y otros sudamericanos rechazaron el intento de Estados Unidos y Canadá de imponer el Alca en la agenda. Entonces, habían pasado a gobernar en el sur del continente líderes de centro izquierda o izquierda, como el venezolano Hugo Chávez (1999-2013), quien llamó a convertir la reunión en “la tumba del Alca”.
Como contrapropuesta, Chávez, junto con Fidel Castro,  impulsó la creación en diciembre de 2004 de  la hoy llamada Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), integrada por Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Dominica, Antigua y Barbuda, Santa Lucía, Granada y San Cristóbal y Nieves.
Tres años después nació la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) con la idea de favorecer un desarrollo más armónico, equitativo e integral de la región, conformada por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guayana, Paraguay, Perú, Suriname, Uruguay y Venezuela.
Con la excepción de Estados Unidos y Canadá,  todos los países del área integran desde 2011 la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Este foro consagró la plena reinserción de Cuba a la concertación política regional, sin la presencia de Canadá y Estados Unidos.
A este nuevo contexto internacional que arropa a la isla, Alzugaray suma las transformaciones internas que lleva a cabo el gobierno de Raúl Castro desde 2008 para modernizar su modelo socialista de desarrollo y los “cambios globales con la creciente presencia de China, en primerísimo lugar, y de Rusia, en la región”.
Pero la Cumbre de Panamá, llamada a satisfacer formalmente la demanda regional del fin de la exclusión de Cuba de la cita de los 35 estados independientes de América y dar un paso significativo en la normalización de La Habana y Washington, tendría que desplazar su atención  hacia la crisis entre Estados Unidos y Venezuela.
Obama emitió el 9 de marzo  un decreto que declara al gobierno de Venezuela,  presidido por Nicolás Maduro, como una amenaza para la seguridad de Estados Unidos, e impone sanciones a algunos de sus funcionarios, en una medida rechazada por la mayoría de países latinoamericanos.
“Ningún país tiene derecho a juzgar la conducta del otro ni muchísimo menos a imponerle sanciones o castigos por su propia cuenta”, advirtió el secretario general de la Unasur, el expresidente colombiano Ernesto Samper. En su opinión, el unilateralismo impedirá a Washington mantener buenas relaciones con América Latina.
“En estas condiciones, va a ser muy difícil que Estados Unidos pueda articular una estrategia hacia la región que tenga en cuenta los intereses latinoamericanos y caribeños y la natural adaptación a los cambios”, reforzó Alzugaray.
A su juicio, Obama cometió “un grave error” en la antesala de una cita que iba a ser la del reencuentro hemisférico. “La región respaldará mayoritariamente a Cuba y a Venezuela”, vaticinó.
Editado por Estrella Gutiérrez
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sábado, 28 de marzo de 2015

Venezuela hoy: la maldición del 'rentismo'

Información adicional

  • Autor:Raúl Zelik
  • País:Venezuela
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Diagonal




Ya durante los primeros momentos de estancia en el país, se muestra toda la magnitud de la crisis venezolana: quien no quiere cambiar dinero ilegalmente con los taxistas y acude a una oficina de cambio estatal, se enfrenta a una situación a lo Monty Python. Tres personas empleadas están sentadas tras un cristal blindado y esperan a que termine su turno. Se trata sólo de 20 dólares, pero desde que el Gobierno bolivariano está intentando luchar contra la especulación financiera y la fuga de capitales mediante restricciones en el cambio de divisas, los negocios cambiarios en Venezuela están fuertemente regulados. El cambio sólo se puede realizar previa presentación de un documento de identidad.
Es patente que la empleada más joven, que recibe el pasaporte, no ha realizado este trabajo a menudo. Puede que incluso pretenda darle a uno la posibilidad de pensárselo mejor. 15 minutos de reloj tarda en introducir el nombre y el número de pasaporte en el sistema. Entonces expende por fin la divisa estatal: unos 12 bolívares, tras la deducción de la comisión y las tasas –lo justo para tomarse dos minúsculos cafés con leche en vaso de plástico–.
En esta instantánea se condensan los problemas de Venezuela. La cotización oficial del dólar está en 6,3 bolívares, sin embargo en el mercado negro se pagan 175, y además hay dos cotizaciones de cambio oficiales: una de 1:12, la otra de 1:50. Como los precios de los bienes de consumo se orientan por la cotización en el mercado negro, el sueldo mensual de un asalariado medio se ha hundido hasta los 50-60 dólares. Es cierto que el Estado ha proporcionado a millones de venezolanas y venezolanos pan y sueldo, pero se ha vuelto todavía más ineficaz. La Administración pública funciona, en general, aún peor que la oficina de cambio. La causa de ello es también que la mayoría de la población venezolana no vive de su trabajo, sino de negocios paralelos: el comercio de divisas, la especulación o la venta de artículos que están sometidos a la regulación de precios y por ello son escasos –entre ellos, muchos productos de uso cotidiano como el agua potable, el papel higiénico o el jabón–. Sin olvidar que los alquileres también se han disparado. Los sectores de clase media que poseen viviendas mantienen su poder adquisitivo al elevar los precios de los alquileres. La crisis venezolana es omnipresente.
Sin embargo, es falso en Venezuela no haya cambiado nada para mejor. En Caracas se ven con claridad las diferencias con otras grandes ciudades latinoamericanas, así como con las metrópolis de Estados industrializados. No hay apenas mendicidad callejera, al contrario que en Bogotá, Berlín o Nueva York. Los barrios del centro han sido saneados sin que se haya desplazado a la población.
Precisamente los caraqueños más empobrecidos son los que usan los nuevos cines estatales y de las instituciones culturales en el centro. La zona peatonal está llena de trabajadoras y trabajadores haciendo compras, y el transporte público de corta distancia se ha ampliado mucho. Nuevas líneas de autobús y tren unen Caracas con los suburbios, los barrios pobres situados en las laderas han sido conectados mediante funiculares a la red de transportes. Cierto es que el metro está crónicamente atestado durante todo el día, sin embargo, es prácticamente gratuito.

Pagar soborno
En los grandes medios rara vez se habla de ello, pero de hecho la política social de Venezuela es modélica en muchos aspectos. En una sociedad donde en los 90 tres tercios de la población trabajaba y vivía en unas condiciones de extrema precariedad, el Estado garantiza hoy en día el suministro básico. Los productos de alimentación se venden a precios extremadamente bajos en los supermercados o a través de los camiones de los programas de alimentación estatales. Se han construido y proporcionado 600.000 viviendas sociales. E incluso, aunque la prestación de servicios sanitarios en los hospitales públicos esté marcada por la escasez, la prestación básica en los barrios pobres funciona de forma impecable. El problema de Venezuela es otro: aunque en el plano de la política social se haya hecho mucho, la estructura económica sigue siendo en gran parte la antigua.
"Sencillamente, no se produce". Alberto Torres, nacido en España, pero nacionalizado ya desde los 90, es un revolucionario de la vieja guardia. Desde hace 15 años trabaja en el Ministerio del Poder Popular para la Agricultura y Tierras, donde dirige el desarrollo de los sindicatos y desde el que ha intentado estimular la producción local de alimentos. Tras más de una década de política de izquierdas, su balance es decepcionante.
"Llevamos 12 meses intentando construir una huerta de hortalizas fuera de Caracas. Hemos importado los invernaderos, el Ministerio ha contratado a 50 trabajadores". Torres, de 55 años, no puede evitar reírse cuando cuenta la historia. "Las instalaciones se han quedado paradas un año en la aduana. Hemos pagado a los trabajadores por no hacer nada. Ellos por lo demás tampoco tenían ninguna gana de trabajar... La aduana no ha soltado las instalaciones, ¡y eso que era un proyecto estatal! Si hubiéramos sido una empresa privada, habríamos recibido los invernaderos de inmediato. Sencillamente habríamos pagado un soborno. Pero así no hubo nada que hacer".El Gobierno venezolano argumenta que tales incidentes se deben al sabotaje y las conspiraciones.
Pero Torres no da crédito a esa explicación: "Por supuesto que hay algo así como una guerra económica y EE UU quiere derrocar al Gobierno por todos los medios. Pero las razones principales de la crisis son otras. Que tantos productos básicos, los que están sometidos al control de precios, no estén disponibles en los supermercados, tiene una razón muy simple: con ellos se puede hacer mucho dinero en el mercado negro. La relación con el contrabando es, según él, aún más clara. "En las regiones fronterizas con Colombia están todos metidos: los de derechas, los chavistas, los guerrilleros colombianos, los cárteles de droga, campesinos normales: todos. Por la sencilla razón de que los márgenes de ganancia son inimaginablemente altos. Un litro de gasolina cuesta en Colombia 200 veces más que en Venezuela".
Sin embargo, Torres no responsabiliza de la situación principalmente a Maduro, cuyo índice de popularidad en las encuestas se ha hundido hasta un dramático 22%. El problema tiene que ver con la estructura económica del Estado petrolero, según Torres. "100 años de petrodólares han habituado a los venezolanos y las venezolanas a que se vive mejor trepando a un puesto en el Estado o importando productos de consumo que trabajando de forma productiva... Que la aduana no haya devuelto las instalaciones para los invernaderos es muestra de ello. A la gente simplemente le da igual".

Problemas agravados
Ciertamente los problemas estructurales de la economía venezolana se han agudizado aún más bajo el chavismo. 15 años de revolución han democratizado el 'rentismo', es decir, la economía de materias primas, improductiva y orientada al consumo. Y aunque también durante la última década se han producido manejos corruptos que han proporcionado sumas de miles de millones a empresas privadas, es cierto que en general los ingresos se han repartido mejor. Eso fue posible no sólo gracias a la creación de puestos de trabajo, sino también al establecimiento de bancos estatales, más generosos que los bancos privados en la concesión de créditos y límites de descubierto.
La inflación elevada, que hoy en día asciende a entre un 40 y un 70%, no es en este contexto simplemente el resultado de una política económica fallida, sino también de una mejor distribución de la riqueza. Los precios ascienden meteóricamente porque hay más gente que quiere participar del consumo. El problema es, sin embargo, que este modelo no sobrevivirá al 2015. El precio del petróleo ha caído de 140 dólares por barril en 2008 a menos de 50 dólares por el fracking, pero también debido a las operaciones militares de EE UU en Iraq y Libia, que han destruido la OPEP como cártel de precios.
El Gobierno de Maduro debe emprender un cambio radical de rumbo y abandonar el 'rentismo'. No obstante, el problema es que para ello debería aplicar políticas como la eliminación de las subvenciones al combustible o la devaluación del bolívar, que en el país son vistas como la quintaesencia de la política neoliberal.
Y no obstante Elías Jaua, el ministro para el Poder Popular de la Comunas y los Movimientos Sociales y el hombre más importante en la dirección del Estado junto con Maduro y el general Diosdado Cabello, mencionó claramente el reto en un escrito a mediados de enero: "El rentismo conlleva no sólo una dependencia del petróleo según su precio en el mercado mundial, sino también una cultura en la cual se lucha incesantemente en torno a la renta petrolífera. Y eso lleva a su vez a una cultura de la especulación que se está extendiendo como veneno en el sistema capitalista de Venezuela".
Jaua y seguramente también el mismo presidente Maduro se imaginan claramente en qué dirección habría que ir. Con apoyo del Ministerio de las Comunas dirigido por Jaua también han surgido en los últimos años impresionantes proyectos de autoayuda. Los habitantes de barrios pobres han realizado cientos de proyectos autogestionados de construcción de viviendas por todo el país. Parte de los nuevos asentamientos están situados en las mejores zonas residenciales de Caracas: en descampados ocupados ilegalmente, los movimientos barriales han construido nuevos bloques de viviendas para hasta 1.000 habitantes. Lo más llamativo de ello es que las y los habitantes han planificado y construido sus proyectos de forma autónoma. El papel del Estado se ha limitado a proporcionar dinero para los materiales de construcción. De este modo, se ha construido a precios claramente más económicos de lo habitual en las viviendas estatales y, sobre todo, han surgido auténticas estructuras comunitarias: ese "poder popular" del que tanto se habla en el país.
A tales formas de autorresponsabilidad democrática y solidaria debería llegar Venezuela si quisiera escapar del círculo vicioso de riqueza petrolífera, corrupción, ineficiencia y dependencia del mercado mundial. "Si no queremos caer de nuevo en la pesadilla neoliberal de la que despertamos en 1998, tenemos que corregir nuestro rumbo", escribe el ministro Elías Jaua, "pero no sólo el Gobierno bolivariano, sino la sociedad entera". Sin embargo, está por ver si ese cambio político aún es posible.
El aparato chavista está completamente desacreditado a ojos de la población y la oposición derechista, que ya a principios de 2014 demostró que no le espantan las confrontaciones similares a una guerra civil, ya está en la parrilla de salida. El dirigente opositor Capriles ha convocado protestas, y los ultraderechistas de Colombia y EE UU siguen apostando por un derrocamiento violento del chavismo. Una situación prácticamente sin salida para el primer proyecto antineoliberal del segundo milenio.

Bonos basura
La situación económica de Venezuela se ha agudizado dramáticamente en los últimos meses. Diversas agencias de calificación financiera han rebajado los bonos de deuda estatal venezolanos a la categoría de bonos basura y grandes fondos de inversión están especulando sobre la insolvencia del país sudamericano.
En el mercado negro se ha duplicado el valor del dólar en 6 semanas, el déficit presupuestario es extremadamente alto, con una estimación de un 15-18%. Venezuela intenta salvarse, y no como última opción, mediante una alianza más fuerte con China. Como Argentina, que pudo superar su insolvencia el pasado verano con relativa facilidad suministrando capital fresco a China, el Gobierno de Maduro intenta también escapar a la presión de los mercados financieros y del FMI a través de una mayor orientación hacia Asia oriental. Por ello firmó el Gobierno a principios de enero en Caracas nuevos contratos de cooperación por valor de 20.000 millones de dólares estadounidenses.
Sin embargo estos acuerdos, con los que China se asegura a largo plazo el acceso al petróleo venezolano, no bastarán para superar la crisis. Desde hace meses los economistas chavistas apremian al Gobierno para que suprima la adjudicación estatal de divisas, que sobre todo fomenta la especulación y la corrupción, así como las populares pero absurdas subvenciones al combustible. El presidente Maduro, sin embargo, retrasa una y otra vez estas medidas por miedo a las protestas sociales y a la oposición de las élites del aparato estatal.

miércoles, 25 de marzo de 2015

A 39 años del golpe, Madres de Plaza de Mayo narran su lucha colectiva

Por: EFE

En el libro "Las viejas", estas abuela narran cómo secuestraron a sus hijos y los momentos más dolorosos de ese episodio.



A 39 años del último golpe militar en Argentina, Madres de Plaza de Mayo rememoran en el libro "Las viejas" cómo secuestraron a sus hijos, la mirada triste con que se reconocían unas a otras al salir a buscarlos y su alegría, muchos años después, por ver a los responsables sentados en el banquillo.
Los recuerdos, a veces contradictorios, de 29 Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora se entrecruzan en la obra, hasta convertirse en una historia coral de esas mujeres valientes que desafiaron a la última dictadura argentina (1976-1983) con su ronda semanal de los jueves en el corazón de Buenos Aires para exigir la aparición con vida de sus hijos.
"A mi hija y a los chicos se los llevaron vivos. Punto. Nada más. Cuando me preguntan qué me imagino... yo no imagino, para mí Ana tiene la edad que tenía cuando se la llevaron", cuenta Mirta Baravalle en el libro, editado por las hermanas Ana y Virginia Giannoni y publicado por Marea.
"Cinco menos cuarto de la mañana vinieron", recuerda Gertrudis Fontanella sobre la llegada de los militares que se llevaron a su hijo y "robaron todo", incluida la cuna de su nieta.
"El tejido de todos esas historias forman una más amplia, colectiva", dice a Efe Virginia Giannoni, aunque aclara que "no están todas", ya sea porque muchas Madres de Plaza de Mayo han muerto y otras se han alejado con el paso de los años o permanecen en sus casas debido a su avanzada edad.
Tras la desaparición de sus hijos, las madres comenzaron a buscarlos de un ministerio a otro y ante la falta de respuesta salieron a la calle, donde se encontraron y comenzaron a organizarse.
"Viernes es día de brujas, y trae mala suerte, ¿por qué no venimos otro día de la semana?. Y otra voz dice: 'Lunes... lunes es día de lavar la ropa'. La mayoría evidentemente no teníamos lavarropas, entonces era un día de lavado. (...) 'Bueno, nos queda el jueves', acordamos", señala Nora Cortiñas, la presidenta de Madres - Línea Fundadora.
La primera ronda de las Madres de Plaza de Mayo se realizó el jueves 30 de abril de 1977, poco después del primer aniversario del golpe.
Su reivindicación, realizada "colectivamente y en silencio", es para Giannoni, "un movimiento claramente femenino de entender la política como algo distribuido en los cuerpos, algo de lo cotidiano", que se evidencia en esa ronda semanal
Vera Jarach insiste en que no fueron heroínas y pide que no las pongan "sobre un pedestal": "Inicialmente lo que nos movió es la cosa visceral de la mujer, de la madre que necesita saber qué ha pasado con su hijo. Eso nos hizo superar todos los miedos e insistir y perseverar".
Otra compañera, la "Negrita" Vargas, subraya que "ningún jueves faltaba", incluso aquellos en los que llovía y estaba la policía. Incluso una vez, recuerda, le pusieron una ametralladora sobre el hombro para obligarla a salir de la plaza y se fue, pero entró por el otro lado.
Con sus característicos pañuelos blancos sobre la cabeza, siguieron dando vueltas a la plaza porteña para reclamar la aparición de sus seres queridos una vez que Argentina dejó atrás la dictadura y regresó a la democracia, en 1983.
Con ayuda del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), algunas pudieron localizar los restos de sus hijos y pudieron darles sepultura, como le pasó a Carmen Lorefice en 2010.
"Era la cabeza de mi hijo (Enrique Jorge Aggio), la dentadura de mi hijo, era largo, grande, 1,80 medía. ¡Y no sabes lo que hice! Saqué la cabecita, me la puse acá y lloré como una loca", narró en el libro.
Otras aún los buscan, aunque ven con gran satisfacción como los responsables de los secuestros, torturas y desapariciones perpetradas por régimen militar son llevados ante los tribunales.
"Llegan esposados los amos de la vida y de la muerte, ni ellos ni nosotras nos imaginábamos que íbamos a poder compartir esos días históricos. Cuando se dan las sentencias es una mezcla de llanto, de alegría", afirma Taty Almeida, otra de las cabezas visibles de la asociación.
Un total de 563 personas han sido condenadas y casi 900 han sido imputadas por violaciones a los derechos humanos en la última dictadura argentina, según la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad.
"Es como un alimento, es poder decir: 'No es en vano la lucha", asegura Almeida.
Para Giannoni, las Madres "son un referente para nuestra generación y son como las viejas de nuestra tribu, a las que tenemos de guía, y además están viejas, tienen más de 80 años", motivo que la inspiró el título.
La coautora indica que antes de la publicación, todas las entrevistadas leyeron el libro, lo corrigieron, y se dieron cuenta de que había detalles de sus compañeras de lucha que no conocían y que tenían mucho aún entre ellas por charlar.

domingo, 8 de febrero de 2015

La guerra de la heroína

Pascal Beltrán del Río




Carlos Marx erró en las conclusiones apocalípticas de su teoría de la acumulación infinita del capital, pues pasó por alto el equilibrio que generan el avance tecnológico y la productividad, mismos que atenúan o retardan las contradicciones del capitalismo.




En lo que no se equivocó el filósofo es en que la superestructura social no existe de manera independiente de la base material, es decir, de las condiciones económicas en las que vive cada sociedad, de los medios y las fuerzas productivas.
El narcotráfico es un negocio, aunque sea de naturaleza ilegal. Por tanto, era una ilusión pensar que la despenalización de la mariguana -que avanza paulatina, pero sostenidamente en Estados Unidos- acabaría por ahorcar financieramente a los cárteles de la droga, pues los dejaría sin el flujo de caja que representa el cannabis.
La superestructura determina la estructura, incluso en los gustos y decisiones de los consumidores. Si los usuarios estadounidenses están optando de manera creciente por la heroína es porque los narcotraficantes tenían que compensar la pérdida de decenas de millones de dólares que ha representado la competencia de los productores de mariguana en aquel país.
Sin restricciones legales, sin temer a redadas o campañas de erradicación, esos productores han podido desarrollar una mariguana de mayor calidad a la que crece en las montañas de México.




El cultivo de invernadero que ha florecido en una veintena de estados de la Unión Americana ha desplazado a la mariguana mexicana en el gusto de los consumidores estadunidenses. Eso ha llevado a la caída de 37% en los aseguramientos de esa droga en la frontera con México desde 2011.
¿A qué ha conducido esa competencia? A que los cárteles mexicanos cambien la mariguana por la amapola e inunden el mercado estadunidense con heroína y también con metanfetamina.


Además de ser más fácil de manejar, la heroína genera una ganancia mucho mayor. Un kilo de esa droga puede valer entre US$80 mil y US$130 mil en las calles de Estados Unidos, mientras que la misma cantidad de mariguana, incluso de la mejor calidad, difícilmente sobrepasa los US$12 mil.
México tiene, además, la ventaja sobre otras regiones productoras de amapola, como Asia Central e Indochina, de la proximidad con Estados Unidos.
Y, por si fuera poco, la nueva abundancia de heroína y metanfetamina ha encontrado su lugar entre los consumidores de analgésicos opioides.
Durante años, los estadunidenses han abusado de esas drogas legales. El consumo de analgésicos opioides como la oxicodona creció dramáticamente entre 1991 y 2011: pasó de 76 millones de prescripciones anuales a 219 millones en ese lapso.
Como ocurrió en su tiempo con la industria tabacalera, los estadunidenses han tenido la impresión de que esos medicamentos para el dolor son inocuos y no generan adicción, pero eso es porque muchos de los estudios que llegan a dicha conclusión han sido financiados por los mismos fabricantes.
La creciente adicción a los analgésicos opioides ha permitido que la heroína penetre en los hogares de los consumidores, porque ofrece un efecto parecido por la décima parte del precio.
Además, a diferencia de otras épocas en las que la heroína ha sido una droga popular, estos nuevos consumidores tienen mayor edad y capacidad económica que los de antes. Hablamos de entre cinco y seis millones de estadunidenses que gastan entre US$100 y US$500 dólares a la semana en drogas.
Más de 120 años después de que fue sintetizada por el químico alemán Heinrich Dreser, jefe del laboratorio de farmacología de Bayer, la heroína ha vuelto a entrar con fuerza en el mercado estadunidense.
El martes, William Brownfield, subsecretario para Asuntos Antinarcóticos y de Procuración de Justicia del Departamento de Estado, dijo en una teleconferencia desde Washington que el consumo de heroína en Estados Unidos creció 65% en los últimos años, y que la mayor parte de esa sustancia es surtida por cárteles mexicanos. “Crisis es la palabra para hablar de la situación que ya tenemos”, afirmó.
Para los agricultores mexicanos de la sierra, el cambio ya ha implicado más dinero en su bolsillo.
Mientras sólo recibían unos 250 pesos por un kilo de mariguana seca y prensada, ahora obtienen 13 mil pesos por kilo de pasta de opio, de acuerdo con un reportaje reciente de la agencia AP.

Es simple economía.
Excelsior (México)