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miércoles, 6 de enero de 2016

PEDIR LA RENUNCIA DEL PRESIDENTE MADURO ES ESCUPIR PARA ARRIBA, DEBE RECTIFICAR, ESA ES LA TAREA



Por Toby Valderrama y Antonio Aponte

El desespero pequeñoburgués y marginal salió a pedir la renuncia del Presidente Maduro; es comprensible, su ideología los impele a personalizar todo. Así, la renuncia del Presidente resolverá los problemas, proponen sustituirlo por un poder popular que es una entelequia, que no existe pero se le otorga cualidades de demiurgo.

 De esta manera se evita ir al fondo del problema que hoy padecemos: ¡la ideología errada! Esta fue la gran derrotada el 6 de diciembre, la socialdemocracia salió moribunda, agotada. Es allí que hay que rectificar y esa enmienda debe ser con el Presidente Maduro. Si no hay revisión del rumbo, entonces, hablaremos de enderezar los entuertos en los subterráneos de la clandestinidad.

¿Qué nos está pasando? Seguimos chapoteando en el mismo barro socialdemócrata, engañándonos, cometiendo los mismos errores que nos condujeron al 6. La dirección luce desconcertada, hablando tonterías, haciendo espectáculos más inútiles que en el pasado, triquiñuelas electorales de última hora. En pocas palabras, evitan ir a la profundidad del asunto. Hay que aceptar que la ideología falló y corregir, aún hay tiempo.

Primero es reconocer la derrota, no seguir actuando como si el fracaso fue de otro, no seguir hablando a nombre de un pueblo difuso donde cabe cualquier cosa. Reconocida la derrota, detectar las fallas; la primera, ya lo dijimos: la ideología. Pero también hablar de las fallas del gobierno, de su soberbia, su culto a la improvisación, la incoherencia, conformarse con ganar en la pantalla de VTV. Reconocer que las Comunas que actúan cada una por su lado, preocupadas sólo de su entorno, fracasaron políticamente, asimismo los consejos comunales, revisar todo.

Reúnan urgente, ya, a un Concilio para discutir la ideología, en otros textos hemos dado posibles nombre. Dejen el asambleísmo, politicen de verdad, verdad a las Comunas y Consejos Comunales, reconozcan, corrijan ese error, produzcan orientaciones, ¡dirijan! 

El parlamento comunal debe ser el último paso, no el primero. Antes elíjanse los delegados de los organismos de base, elíjanse los organismos intermedios y después estos podrán designar al Parlamento, de esa manera será diferente  a la Asamblea, se formará un tejido social invencible.

Transformemos al Partido en un verdadero instrumento que vaya más allá de una maquinaria electoral, que sea un ejemplo de relación socialista. Vigoricemos su vanguardia, que sea capaz de ser ejemplo para el resto del Partido y para la sociedad. 

Si el gobierno no rectifica le quedan tres caminos

Recordemos que el país entrará en una delicada situación económica y social, y esa situación difícil sólo puede hacerle frente con un alto grado de conciencia social, revolucionaria de las masas, que no se consigue sino rectificando, volviendo al espíritu de Chávez, ese es el primer camino.

El segundo, es pactar en lo político lo que ya hizo en lo económico, dejar que las cosas evolucionen, que lo político engrane con lo económico capitalista. Este camino es culebrero, tiene muchos obstáculos, tendrán que inventar enemigos, justificar la unión con la oposición externa. La capitulación exige la entrega de los convenios petroleros, el cese de la ayuda internacional, la disminución del gasto social, la salida de los dirigentes más conspicuos, esto lo declaran, lo piden los capitalistas.

El tercero, es persistir en el ya fracasado camino socialdemócrata, patalear, chapotear el barro, seguir viviendo en espejismos y así cosechar nuevas y terribles derrotas; o abrir camino a la rectificación póstuma, cuando ya no haya nada que hacer porque los sables tocaron la puerta.


http://elaradoyelmar.blogspot.com/2015/12/pedir-la-renuncia-del-presidente-maduro.html

sábado, 28 de marzo de 2015

Venezuela hoy: la maldición del 'rentismo'

Información adicional

  • Autor:Raúl Zelik
  • País:Venezuela
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Diagonal




Ya durante los primeros momentos de estancia en el país, se muestra toda la magnitud de la crisis venezolana: quien no quiere cambiar dinero ilegalmente con los taxistas y acude a una oficina de cambio estatal, se enfrenta a una situación a lo Monty Python. Tres personas empleadas están sentadas tras un cristal blindado y esperan a que termine su turno. Se trata sólo de 20 dólares, pero desde que el Gobierno bolivariano está intentando luchar contra la especulación financiera y la fuga de capitales mediante restricciones en el cambio de divisas, los negocios cambiarios en Venezuela están fuertemente regulados. El cambio sólo se puede realizar previa presentación de un documento de identidad.
Es patente que la empleada más joven, que recibe el pasaporte, no ha realizado este trabajo a menudo. Puede que incluso pretenda darle a uno la posibilidad de pensárselo mejor. 15 minutos de reloj tarda en introducir el nombre y el número de pasaporte en el sistema. Entonces expende por fin la divisa estatal: unos 12 bolívares, tras la deducción de la comisión y las tasas –lo justo para tomarse dos minúsculos cafés con leche en vaso de plástico–.
En esta instantánea se condensan los problemas de Venezuela. La cotización oficial del dólar está en 6,3 bolívares, sin embargo en el mercado negro se pagan 175, y además hay dos cotizaciones de cambio oficiales: una de 1:12, la otra de 1:50. Como los precios de los bienes de consumo se orientan por la cotización en el mercado negro, el sueldo mensual de un asalariado medio se ha hundido hasta los 50-60 dólares. Es cierto que el Estado ha proporcionado a millones de venezolanas y venezolanos pan y sueldo, pero se ha vuelto todavía más ineficaz. La Administración pública funciona, en general, aún peor que la oficina de cambio. La causa de ello es también que la mayoría de la población venezolana no vive de su trabajo, sino de negocios paralelos: el comercio de divisas, la especulación o la venta de artículos que están sometidos a la regulación de precios y por ello son escasos –entre ellos, muchos productos de uso cotidiano como el agua potable, el papel higiénico o el jabón–. Sin olvidar que los alquileres también se han disparado. Los sectores de clase media que poseen viviendas mantienen su poder adquisitivo al elevar los precios de los alquileres. La crisis venezolana es omnipresente.
Sin embargo, es falso en Venezuela no haya cambiado nada para mejor. En Caracas se ven con claridad las diferencias con otras grandes ciudades latinoamericanas, así como con las metrópolis de Estados industrializados. No hay apenas mendicidad callejera, al contrario que en Bogotá, Berlín o Nueva York. Los barrios del centro han sido saneados sin que se haya desplazado a la población.
Precisamente los caraqueños más empobrecidos son los que usan los nuevos cines estatales y de las instituciones culturales en el centro. La zona peatonal está llena de trabajadoras y trabajadores haciendo compras, y el transporte público de corta distancia se ha ampliado mucho. Nuevas líneas de autobús y tren unen Caracas con los suburbios, los barrios pobres situados en las laderas han sido conectados mediante funiculares a la red de transportes. Cierto es que el metro está crónicamente atestado durante todo el día, sin embargo, es prácticamente gratuito.

Pagar soborno
En los grandes medios rara vez se habla de ello, pero de hecho la política social de Venezuela es modélica en muchos aspectos. En una sociedad donde en los 90 tres tercios de la población trabajaba y vivía en unas condiciones de extrema precariedad, el Estado garantiza hoy en día el suministro básico. Los productos de alimentación se venden a precios extremadamente bajos en los supermercados o a través de los camiones de los programas de alimentación estatales. Se han construido y proporcionado 600.000 viviendas sociales. E incluso, aunque la prestación de servicios sanitarios en los hospitales públicos esté marcada por la escasez, la prestación básica en los barrios pobres funciona de forma impecable. El problema de Venezuela es otro: aunque en el plano de la política social se haya hecho mucho, la estructura económica sigue siendo en gran parte la antigua.
"Sencillamente, no se produce". Alberto Torres, nacido en España, pero nacionalizado ya desde los 90, es un revolucionario de la vieja guardia. Desde hace 15 años trabaja en el Ministerio del Poder Popular para la Agricultura y Tierras, donde dirige el desarrollo de los sindicatos y desde el que ha intentado estimular la producción local de alimentos. Tras más de una década de política de izquierdas, su balance es decepcionante.
"Llevamos 12 meses intentando construir una huerta de hortalizas fuera de Caracas. Hemos importado los invernaderos, el Ministerio ha contratado a 50 trabajadores". Torres, de 55 años, no puede evitar reírse cuando cuenta la historia. "Las instalaciones se han quedado paradas un año en la aduana. Hemos pagado a los trabajadores por no hacer nada. Ellos por lo demás tampoco tenían ninguna gana de trabajar... La aduana no ha soltado las instalaciones, ¡y eso que era un proyecto estatal! Si hubiéramos sido una empresa privada, habríamos recibido los invernaderos de inmediato. Sencillamente habríamos pagado un soborno. Pero así no hubo nada que hacer".El Gobierno venezolano argumenta que tales incidentes se deben al sabotaje y las conspiraciones.
Pero Torres no da crédito a esa explicación: "Por supuesto que hay algo así como una guerra económica y EE UU quiere derrocar al Gobierno por todos los medios. Pero las razones principales de la crisis son otras. Que tantos productos básicos, los que están sometidos al control de precios, no estén disponibles en los supermercados, tiene una razón muy simple: con ellos se puede hacer mucho dinero en el mercado negro. La relación con el contrabando es, según él, aún más clara. "En las regiones fronterizas con Colombia están todos metidos: los de derechas, los chavistas, los guerrilleros colombianos, los cárteles de droga, campesinos normales: todos. Por la sencilla razón de que los márgenes de ganancia son inimaginablemente altos. Un litro de gasolina cuesta en Colombia 200 veces más que en Venezuela".
Sin embargo, Torres no responsabiliza de la situación principalmente a Maduro, cuyo índice de popularidad en las encuestas se ha hundido hasta un dramático 22%. El problema tiene que ver con la estructura económica del Estado petrolero, según Torres. "100 años de petrodólares han habituado a los venezolanos y las venezolanas a que se vive mejor trepando a un puesto en el Estado o importando productos de consumo que trabajando de forma productiva... Que la aduana no haya devuelto las instalaciones para los invernaderos es muestra de ello. A la gente simplemente le da igual".

Problemas agravados
Ciertamente los problemas estructurales de la economía venezolana se han agudizado aún más bajo el chavismo. 15 años de revolución han democratizado el 'rentismo', es decir, la economía de materias primas, improductiva y orientada al consumo. Y aunque también durante la última década se han producido manejos corruptos que han proporcionado sumas de miles de millones a empresas privadas, es cierto que en general los ingresos se han repartido mejor. Eso fue posible no sólo gracias a la creación de puestos de trabajo, sino también al establecimiento de bancos estatales, más generosos que los bancos privados en la concesión de créditos y límites de descubierto.
La inflación elevada, que hoy en día asciende a entre un 40 y un 70%, no es en este contexto simplemente el resultado de una política económica fallida, sino también de una mejor distribución de la riqueza. Los precios ascienden meteóricamente porque hay más gente que quiere participar del consumo. El problema es, sin embargo, que este modelo no sobrevivirá al 2015. El precio del petróleo ha caído de 140 dólares por barril en 2008 a menos de 50 dólares por el fracking, pero también debido a las operaciones militares de EE UU en Iraq y Libia, que han destruido la OPEP como cártel de precios.
El Gobierno de Maduro debe emprender un cambio radical de rumbo y abandonar el 'rentismo'. No obstante, el problema es que para ello debería aplicar políticas como la eliminación de las subvenciones al combustible o la devaluación del bolívar, que en el país son vistas como la quintaesencia de la política neoliberal.
Y no obstante Elías Jaua, el ministro para el Poder Popular de la Comunas y los Movimientos Sociales y el hombre más importante en la dirección del Estado junto con Maduro y el general Diosdado Cabello, mencionó claramente el reto en un escrito a mediados de enero: "El rentismo conlleva no sólo una dependencia del petróleo según su precio en el mercado mundial, sino también una cultura en la cual se lucha incesantemente en torno a la renta petrolífera. Y eso lleva a su vez a una cultura de la especulación que se está extendiendo como veneno en el sistema capitalista de Venezuela".
Jaua y seguramente también el mismo presidente Maduro se imaginan claramente en qué dirección habría que ir. Con apoyo del Ministerio de las Comunas dirigido por Jaua también han surgido en los últimos años impresionantes proyectos de autoayuda. Los habitantes de barrios pobres han realizado cientos de proyectos autogestionados de construcción de viviendas por todo el país. Parte de los nuevos asentamientos están situados en las mejores zonas residenciales de Caracas: en descampados ocupados ilegalmente, los movimientos barriales han construido nuevos bloques de viviendas para hasta 1.000 habitantes. Lo más llamativo de ello es que las y los habitantes han planificado y construido sus proyectos de forma autónoma. El papel del Estado se ha limitado a proporcionar dinero para los materiales de construcción. De este modo, se ha construido a precios claramente más económicos de lo habitual en las viviendas estatales y, sobre todo, han surgido auténticas estructuras comunitarias: ese "poder popular" del que tanto se habla en el país.
A tales formas de autorresponsabilidad democrática y solidaria debería llegar Venezuela si quisiera escapar del círculo vicioso de riqueza petrolífera, corrupción, ineficiencia y dependencia del mercado mundial. "Si no queremos caer de nuevo en la pesadilla neoliberal de la que despertamos en 1998, tenemos que corregir nuestro rumbo", escribe el ministro Elías Jaua, "pero no sólo el Gobierno bolivariano, sino la sociedad entera". Sin embargo, está por ver si ese cambio político aún es posible.
El aparato chavista está completamente desacreditado a ojos de la población y la oposición derechista, que ya a principios de 2014 demostró que no le espantan las confrontaciones similares a una guerra civil, ya está en la parrilla de salida. El dirigente opositor Capriles ha convocado protestas, y los ultraderechistas de Colombia y EE UU siguen apostando por un derrocamiento violento del chavismo. Una situación prácticamente sin salida para el primer proyecto antineoliberal del segundo milenio.

Bonos basura
La situación económica de Venezuela se ha agudizado dramáticamente en los últimos meses. Diversas agencias de calificación financiera han rebajado los bonos de deuda estatal venezolanos a la categoría de bonos basura y grandes fondos de inversión están especulando sobre la insolvencia del país sudamericano.
En el mercado negro se ha duplicado el valor del dólar en 6 semanas, el déficit presupuestario es extremadamente alto, con una estimación de un 15-18%. Venezuela intenta salvarse, y no como última opción, mediante una alianza más fuerte con China. Como Argentina, que pudo superar su insolvencia el pasado verano con relativa facilidad suministrando capital fresco a China, el Gobierno de Maduro intenta también escapar a la presión de los mercados financieros y del FMI a través de una mayor orientación hacia Asia oriental. Por ello firmó el Gobierno a principios de enero en Caracas nuevos contratos de cooperación por valor de 20.000 millones de dólares estadounidenses.
Sin embargo estos acuerdos, con los que China se asegura a largo plazo el acceso al petróleo venezolano, no bastarán para superar la crisis. Desde hace meses los economistas chavistas apremian al Gobierno para que suprima la adjudicación estatal de divisas, que sobre todo fomenta la especulación y la corrupción, así como las populares pero absurdas subvenciones al combustible. El presidente Maduro, sin embargo, retrasa una y otra vez estas medidas por miedo a las protestas sociales y a la oposición de las élites del aparato estatal.

domingo, 7 de octubre de 2012

A treinta años de la Masacre de Cantaura


Compañeros, vamos a descansar que mañana continuaremos con nuestras conversaciones muy temprano, dijo el Catire.
Recuerden que en estos curso de formación política, lo primero es que apliquemos todo lo que se aprende, en la lucha revolucionaria... es nuestro deber estar siempre dispuestos a entregarnos a esa lucha con todas nuestras energías, pero también debemos recobrarlas, por lo que es mejor descansar después de un largo día como ha sido este fin de semana en que nos hemos dedicado por completo a la instrucción. Se habían discutido alternativas posibles, nuevas propuestas y líneas de acción y la campaña de alfabetización de obreros y campesinos. . . . Mañana nos levantaremos temprano para que cada uno retorne a sus respectivos hogares y se encarguen de las labores que se les han encomendado y les deseo éxito en ello.
Había sido un fin de semana largo donde las cuarenta y un personas que se habían reunido, habían conversado sobre las propuestas de las Brigadas Rojas el grupo que había fundado Américo Silva, junto con otros compañeros. Era la reunión de uno de los grupos guerrilleros que quedaba en Venezuela, el Frente Américo Silva, no tenían armas ya que la gran mayoría eran jovenes estudiantes universitarios que venían de diferentes zonas del país.
Eran las cinco de la mañana, del día 4 de Octubre de 1982, el fogón debajo de un árbol frondoso, en Los Changurriales allá en Cantaura, se encendió para preparar el café y algo mas para desayunar, todos estaban animados, preparados para su retorno, que se iniciaría en pocas horas, todos estaban tranquilos, habían descansado lo suficiente, Sor Fanny con su alegría le decía a sus compañeros que se alimentaran bien, el retorno seria para muchos un largo viaje, por lo que era necesario, Diego, Baudilio y Julio César eran los encargados de llevarles en grupo, por se conocedores de la zona, de manera que no fueran detenidos por las policías represivas, todos estaban preparándose para su partida.
La DISIP, que tuvo en su grupo de formadores, al sangriento asesino Luis Posada Carriles, mercenario de la CIA, ya sabía de la presencia de esas personas, tenían dos infiltrados dentro de las filas guerrilleras, los cuales habían informado de la reunión y por lo tanto se había planeado un operativo para limpiar la zona de los rebeldes y terroristas, para lo cual el la Fuerza Aérea tenía destinado aviones y helicópteros para actuar en el momento en que se diera la orden, .... Arpad Bango y Henri Lopez eran los encargados del operativo, como comisario de la DISIP el primero, y el otro como delegado presidencial. Esperaban la señal de los infiltrados, para actuar, y esta llego con el alba, las coordenadas entonces fueron enviadas con la orden de ataque al comando aéreo, que se encargaría de la primera barrida.
Apenas eran las 5 y treinta, y ni siquiera dio tiempo para saborear el café. El rugido de los aviones camberras y el trueno de bombas y metrallas caía como torrencial chaparrón sobre la humanidad del grupo de revolucionarios y combatientes. Aquellos montes conocidos como Mare mare o Los Changurriales, a pocos kilómetros de Cantaura fueron el escenario de una masacre.
Toda la furia y el odio de un gobierno opresor descargó sus armas para acabar en minutos con 23 vidas de jóvenes, comprometidos y animados para la lucha revolucionaria. No hubo compasión. Nadie la pidió. Fue una masacre. Un acto cruel. Propio de los gorilas militares que se habían apoderado de nuestra América. Una vil y sangrienta emboscada planificada y ejecutada por los miembros de la DISIP: Remberto Uzcátegui, Henry López Sisco, autor de la masacre de Yumare, y Arpad Bango. El Ministro de la Defensa era el general Luis Narváez Churión y presidente de la República, Luis Herrera Campins.
Uno de los pilotos fue el ahora General de División y Comandante General de la Aviación del Gobierno Bolivariano, Róger Cordero Lara, quien se lanzara a candidato por el PSUV en el estado de Guarico en el año 2010.
Luego vino el ametrallamiento con los helicópteros artillados y ametralladores calibre .50, barriendo los que los bombardeos no pudieron hacer, y mientras tanto las fuerzas terrestres de los Cazadores al mando del General José Murga, y los comandos de la DISIP y la PTJ ingresarían al campamento para terminar la masacre, cercando y asesinando a los que escaparon del bombardeo, no hubo heridos ni detenidos, por lo menos 14 de los jóvenes fueron rematados con un tiro de gracia.
No tenían armas, pero eso no importaba habia que liquidarles a como fuera :

Roberto Antonio Rincón Cabrera, (alias Sergio y El Catire, Primer Comandante del Frente FAS);
Enrique Jose Márquez Velásquez (alias Florencio, Segundo Comandante);
Emperatriz Guzmán Cordero, (alias Sonia o Chepa, Tercer Comandante);
Sor Fanny Alfonzo Salazar (alias Patricia y Pat, Miembro de la Comandancia);
Carlos Jesús Arzola Hernández;
José Miguel Núñez, (alias Rivas, zanahoria y el españolito);
Mauricio Tejada (alias Plaza);
Carmen Rosa García, (alias Rosi);
Ildemar Lorenzo Morillo (alias Rafael);
Carlos Alberto Sambrano Mira (alias Jaime);
María Luisa Estevez Arranz (alias Natacha);
Antonio María Echegarreta Hernández; (alias Ramón)
Beatriz del Carmen Jiménez, (alias Maira);
Baudilio Valdemar Herrera Veracierta (Robin);
Jorge Luis Becerra Navarro, (alias Gilberto);
Eumennedis Ysoida Gutiérrez Rojas, (alias Heidi);
Diego Alfredo Alfonso Carrasquel (Alejandro);
Luís José Gómez (Pomponio);
Eusebio Martel Daza (alias Domingo);
Rubén Alfredo Castro Batista;
Nelson Antonio Pacín Collazo;
Julio César Farías Mejías (alias Miguel)
José Isidro Zerpa Colina.

. . . . no tuvieron oportunidad de sobrevivir. . . . no tuvieron oportunidad de escapar. . . no tuvieron oportunidad de nada.
En medio de la masacre, y por una orden de retirada, un grupo logró escapar, son los sobrevivientes que relatan la historia de la masacre, y que han luchado por que la justicia condene a los culpables, relatan que en el operativo participaron mas de 1500 elementos de las fuerzas represivas. Los traidores infiltrados eran hermanos, de apellido Robanales.
Los cuerpos fueron masacrados, torturados, agredidos a culatazos, al Catire lo fusilaron, pero antes le pidieron que se hincara, a lo cual se negó diciendo que los hombres mueren de pie.
Al exhumarse los cuerpos se ido demostrando la tortura y la violencia con que fueron tratados, pero la causa judicial no camina hacia el reconocimiento de la masacre, la DISIP hizo desaparecer documentos esenciales para la investigación, pero en el sentimiento de los familiares y sobrevivientes existe la esperanza de que se hará justicia en algún momento.