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sábado, 14 de mayo de 2016

P. Lafargue y el derecho a la pereza.




Resumen:
Se pasa revista a “El derecho a la pereza” desde una lectura marxista crítica a una obra que comienza tentando al lector y —en mi criterio— finaliza decepcionándolo. No debe olvidarse que a P. Lafargue se lo ha catalogado como marxista, pero solamente por una cuestión de parentesco.


Paul Lafargue (1843/1911), fue el único hijo de un acaudalado terrateniente francés, quien se afincó durante el siglo XIX en Cuba donde explotaba plantaciones de café. Nueve años después la familia se dirigió a Francia y ahí cursó sus estudios secundarios y comenzó los universitarios, aunque debió terminar sus estudios de medicina en Londres, ya que las autoridades francesas le prohibieron estudiar en París por dos años a causa de su activa participación política y gremial.
Lafargue fue un autor marxista poco reconocido y citado -en la actualidad- fuera de Francia, aunque en su época tuvo gran difusión y renombre. Quizás, por lo que más se lo cita es por haber sido el escritor de una obra cuyo título resulta tentador, como es “El derecho a la pereza” (1880) y, además de eso, por ser el yerno -nada menos- que de Carlos Marx al casarse con su segunda hija, Laura. No se hizo marxista por obligación matrimonial sino, por el contrario, por ser marxista frecuentó la casa de su futuro suegro, lo que facilitó el romance con Laura, aunque con algunos remilgos por parte de Marx (Maerk, 2000) que, curiosamente, durante el noviazgo le reprochaba a su futuro yerno no tener una posición económica sólida.
El matrimonio con Laura cumplió la promesa de palabra que hicieran ante amistades de no llegar a ser unos ancianos decrépitos y, entonces, se suicidaron juntos con ácido clorhídrico, en 1911. Es de hacer notar que esta voluntad la dejó tácitamente expresada Lafargue en el texto que revisaremos.
Un rasgo interesante y curioso es que fue el primer marxista nacido en “nuestra” América, precisamente en Santiago de Cuba, en la isla que fue la tierra del revolucionario José Martí, quien acuñara, en 1891, el concepto de “nuestra” América. Incluso, se atrevió a nacer antes que Fidel Castro, lo que no es poco.
Además de incansable activista político fue médico, profesión a la que renunció cansado de los fracasos que ofrecía y abrió un taller de linotipia, pero como este no funcionaba como quería no tuvo más remedio que hacer lo mismo que hacía su suegro, recibir dinero de F. Engels. Unos años más tarde retornó a la tierra de sus ancestros y llegó a ser editor de un periódico y hasta pudo acceder a un escaño en el Parlamento francés como diputado socialista en 1891, aunque estaba bajo custodia policial. Esto último fue debido a su participación activa en huelgas obreras, ya que fue uno de los fundadores de Partido Obrero Francés en 1871.
Es preciso tener presente que su actividad política no solamente se desarrolló en Francia e Inglaterra, sino que también fue comisionado a España como corresponsal para armar y consolidar un parido de trabajadores, algo que también hizo en Portugal.
Con “El derecho a la pereza” el autor hace uso de la ironía para referirse a la obra política cumbre de su suegro (1848) en la que los autores reivindican el valor del trabajo como herramienta de cambio social y anticipadora de la revolución social.
Desde el inicio de esta obra Lafargue se expresa como un auténtico anticlerical y a la vez un ateo confeso, al señalar, ya en el Prólogo, cuando escribe “el señor Thiers decía” (seguramente está haciendo referencia a quien fuera Presidente provisional de la Tercera República y que no tuvo mejor idea que ordenar reprimir a los alzados de la Comuna de París, en 1871), reproduciendo con sus palabra que quería:
 “recuperar con toda su fuerza la influencia del clero, porque cuento con él para propagar esa buena filosofía que enseña al hombre que está aquí para sufrir, y oponerla a esa otra filosofía que dice al hombre lo contrario: ‘Disfruta’”. A estos dichos los refuta diciendo que ese individuo “…formulaba así la moral de la clase burguesa, cuyo feroz egoísmo y estrecha inteligencia él encarnaba”.
Y continúa más adelante añadiendo que:
 “La moral capitalista, lastimosa parodia de la moral cristiana, anatemiza la carne del trabajador… (al)suprimir sus placeres y sus pasiones y condenarlo al rol de máquina que produce trabajo sin tregua ni piedad”.
Como no podía ser de otro modo para un hombre ilustrado de entonces, se confiesa ferviente admirador de Darwin.
Insiste en su aversión al trabajo como forma de vida definiéndolo como una:
 “…una extraña locura”
la cual se apoderó:
 “de las clases obreras de las naciones donde domina la civilización capitalista”
que han conducido a miserias que desde antaño ha estado sufriendo la humanidad. La locura no es otra cosa que la devoción por el trabajo y agrega que:
 “En vez de reaccionar contra esta aberración mental, los curas, los economistas y los moralistas han sacralizado el trabajo”. 
P. L. consideraba que el proletariado 
“…traicionando sus instintos y olvidando su misión histórica, se dejó pervertir por el dogma del trabajo”.
Posiblemente como resultado de sus viajes por España señala que es el único país europeo no contaminado por aquella extraña locura del amor por el trabajo sosteniendo, curiosamente, que en España había menos fábricas que cárceles y cuarteles de los que existían por esa época en Francia. Asimismo destaca algo que todos alguna vez hemos estudiado, pero que sin darnos cuenta ignoramos olímpicamente: en la época dorada de la Grecia antigua el trabajo estaba reservado a los esclavos, el hombre libre dedicaba su tiempo al placer, al ocio de pensar, a las caminatas y en:
 “…que los poetas cantaban a la pereza, ese regalo de los dioses”.
Habiéndose declarado ateo, no por eso deja de repetir un pasaje bíblico donde Mateo 6.25-34 pretende reproducir el sermón de la montaña cuando –supuestamente- Jesús, predicando la pereza, dice: 
Miren cómo crecen los lirios en los campos; ellos no trabajan ni hilan, y sin embargo, yo les digo: Salomón, en toda su gloria, no estuvo nunca tan brillantemente vestido”.
Además, a continuación Lafargue hace gala de un fino sentido del humor cuando agrega:
 “Jehová, el dios barbado y huraño, dio a sus adoradores el supremo ejemplo de la pereza ideal; después de seis días de trabajo, descansó por toda la eternidad.”
En el primer capítulo titulado “Bendiciones del trabajo” arremete sobre las condiciones de trabajo inhumanas que soportaban los obreros, las mujeres y los niños en “casas del terror” los que son:
 “…talleres modernos… convertidos en casas ideales de corrección donde se encarcela a las masas obreras”.
P. L. no deja de arremeter contra los “filántropos” que obligan a trabajar hasta más de 16 horas diarias a sus obreros, mientras que los presidiarios y los esclavos de las Antillas tenían jornadas laborales menores. Con sus giros expresivos -ya habituales en P. L.- más adelante define a los talleres fabriles del capitalismo como
 “…el minotauro moderno”.
Pero los explotadores no son su único objeto de crítica, también arremete vigorosamente contra los obreros, diciendo de ellos que:
“Con sus propias manos, demolieron su hogar; con sus propias manos, secaron la leche de sus mujeres; las infelices, embarazadas y amamantando a sus bebés, debieron ir a las minas y a las manufacturas a estirar su espinazo y fatigar sus músculos; con sus propias manos, quebrantaron la vida y el vigor de sus hijos. ¡Vergüenza a los proletarios!”.
Asimismo, P. L. descarga sus dardos envenenados contra el positivismo, haciéndolo en la figura de Augusto Comte, a quien denomina
 “…el penosamente confuso”
y -sin detenerse- se lanza contra una de las más logradas plumas que ha dado Francia, Víctor Hugo, a quién define como un charlatán romántico. ¿Y todo esto por qué? Solamente por haber
 “…entonado sus cánticos nauseabundos en honor del Dios Progreso, el hijo primogénito del Trabajo” y sigue afirmando sobre los escribas de su época que en la actualidad son “…hoy sirvientes literarios de la burguesía, muy bien pagos”.
P. L. no deja de irritarse contra los que propagan
 “…en las masas las tonterías de la economía y de la moral burguesas”.
Sin embargo, dentro de todas sus denostaciones, rescata a la figura del político Destut de Tracy –el mismo que acuñara el término “ideología”- cuando señaló que:
“Es en las naciones pobres donde el pueblo vive con comodidad; es en las naciones ricas donde es, comúnmente, pobre”.
P. L. asegura que la ley “inexorable” de la producción capitalista es el trabajo, por ello es que desde cualquier religión cristiana, como así también, desde los economistas, se alienta desde los púlpitos y desde los engolados discursos de los economistas y los políticos que instan permanentemente a elogiar las virtudes del trabajo.
Pero no todas son diatribas por parte de Lafargue. Ha sido capaz de realizar un sesudo análisis acerca de la sobre oferta de mano de obra y de cómo esto influye en la desocupación, a la par de observar que con tanto trabajo se da lugar a una sobreproducción de bienes, lo que trae aparejada una devaluación de los mismos por acumulación de stocks. Sobran las mercancías y no hay compradores para la enorme cantidad de aquellas y, de tal modo, nuevamente, se produce la desocupación.
Con agudeza observa que mientras más se trabaja más se enriquecen los capitalistas y, a la vez más se empobrecen los trabajadores que tienen que trabajar más, para así poder adquirir sus alimentes.
P. L. expone un planteo un tanto ingenuo cuando dice:
 “En vez de aprovechar los momentos de crisis para una distribución general de los productos y una holganza y regocijo universales, los obreros, muertos de hambre, van a golpearse la cabeza contra las puertas del taller. Con rostros pálidos, cuerpos enflaquecidos, con palabras lastimosas, acometen a los fabricantes”.
No se entiende como en las crisis los proletarios pueden hacer una redistribución de la producción parada. Sí, lo pueden hacer, pero ¿a quien se la van a vender para disfrutar del regocijo? Al no haber compradores para los productores, tampoco los habrá para ellos, que -por otra parte- ni siquiera tienen capacidad para comercializarla.
Sin embargo, de inmediato, realiza un interesante análisis acerca del proceso de endeudamiento de los productores y cómo esto los lleva a la bancarrota:
 “Si las crisis industriales siguen a períodos de sobre trabajo…, arrastrando tras ellas el descanso forzado y la miseria sin salida, ellas traen también la bancarrota inexorable. Mientras el fabricante tiene crédito, da rienda suelta al delirio del trabajo, pidiendo más y más dinero para proporcionar la materia prima a los obreros. Hay que producir, sin reflexionar que el mercado se abarrota y que, si sus mercancías no se venden, sus pagarés se vencerán.”
Pero, nuevamente debo recurrir a una conjunción adversativa, inmediatamente dice que para salir de la bancarrota deben concurrir “al judío” y continúa haciendo un detalle de cómo este último esquilma al productor y, para ejemplo, nada mejor que recurrir a la figura de un Rothschild, familia inglesa de pobreza extrema, pero que gracias a su habilidad con la usura cien años después figuran en el catálogo de la nobleza, gracias a una decisión de la Reina Victoria de Gran Bretaña.
Hecha esta salvedad que corre por mi cuenta, continuemos con los dichos de P. L. sobre los procesos de endeudamiento:
“Finalmente llega la debacle y las tiendas estallan; se arrojan entonces tantas mercancías por la ventana, que no se sabe cómo entraron por la puerta. El valor de las mercancías destruidas se calcula en centenas de millones; en el siglo XVIII, se las quemaba o se las tiraba al agua”.
Brevemente realiza una reseña acerca de las guerras de conquistas por lograr territorios donde, con la colaboración de los Estados, pudieran ubicar las mercaderías sobrantes de sus industriales y comerciantes y remata haciendo un crudo relato de las conquistas y las disputas -incluso cruentas guerras- que
“…enrojecieron los mares con la sangre de hombre jóvenes y fuertes”
por las colonias en África, América y Asia.
“Los capitales abundan tanto como las mercancías. Los rentistas ya no saben dónde ubicarlos; van entonces a las naciones felices que se tiran al sol a fumar cigarrillos, para construir líneas férreas, levantar fábricas e importar la maldición del trabajo”.
Algo más adelante propone que el proletariado sólo podrá terminar con la explotación cuando el proletariado:
 “…tome conciencia de su fuerza, el proletariado debe aplastar con sus pies los prejuicios de la moral cristiana, económica y librepensadora; debe retornar a sus instintos naturales, proclamar los Derechos de la Pereza, mil veces más nobles y más sagrados que los tísicos Derechos del Hombre, proclamados por los abogados metafísicos de la revolución burguesa; que se limite a trabajar no más de tres horas por día, a holgazanear y comer el resto del día y de la noche.”
De la mitad en adelante, la última cita deja mucha tela para cortar. Frente a ella ¿qué se puede decir desde los espacios de protección de los Derechos Humanos? Se me ocurren muchas cosas, pero son irreproducibles. Simplemente haré referencia a la flagrante contradicción final sobre los abogados que se limitan a trabajar tres horas y el resto del día lo dedican a holgazanear. ¿No es ese el proyecto de vida que sostiene?
En el segundo capítulo P. Lafargue lo dedica a “Las consecuencias de la sobreproducción” y, por primera vez hace referencia al comentar a un poeta griego diciendo:
 “Lamentablemente el ocio que el poeta pagano anunciaba no llegó; la pasión ciega, perversa y homicida del trabajo transforma la máquina liberadora en un instrumento de servidumbre de los hombres libres: su productividad los empobrece”.
Como se puede advertir Lafargue continúa con las diatribas contra el trabajo y seguidamente se refiere con denuestos a la aparición de las máquinas en el mercado laboral, observando que ellas provocan la devaluación del trabajo artesanal.
Nuestro autor no deja renglón sin dejar de recurrir a frases empalagosas para referirse al modo en que la gurgucia disfruta perezosamente del trabajo de los obreros de las fábricas, en tanto organizan bailes de caridad para los pobres, calificándolas de “¡Santas almas!”.
Luego de realizar un pormenorizado y adjetivado relato sobre la vida dispendiosa de la burguesía, en que recurre a datos censales de Inglaterra, concluye:
 “Entonces, al ajustarse el cinturón, la clase obrera desarrolló con exceso el vientre de la burguesía condenada al sobreconsumo”.
Resulta divertida la descripción que realiza Lafargue sobre las esperanzas de los capitalistas puestas en los descubrimientos y las colonizaciones de África, dónde no sólo encontrarán una tierra de riquezas, sino también de consumidores ávidos de taparán sus “culos negros” con las telas hiladas en Europa, como asimismo beber los vinos de la metrópoli y leer
 “… las biblias para conocer las virtudes de la civilización”.
En sus excesos conceptuales llega a afirmar que la sobreproducción de mercancías dice que llegan a alcanzar un tamaño mayor que las pirámides de Egipto. ¡Un disparate total! Estas exageraciones de Lafargue -como asimismo las reiteraciones sobre la sobreproducción- no hacen otra cosa que deslucir un texto del cual se pueden desgranar conceptos fundamentales sobre el capitalismo, el proletariado, la desocupación -y para evitarla sugiere la necesidad de racionar la demanda y la oferta de trabajo- y la explotación laboral de aquellos últimos. Con anterioridad Lafargue ha criticado a Víctor Hugo, pero no puedo dejar de recordar que éste era poseedor de una notable facilidad al describir los pasajes más sórdidos de Francia (1862) en aquella época a los cuales detalla con esmero literario y sin dejar de lado la crítica social. A estos episodios nuestro comentado necesitó relatarlos con excesivas reiteraciones y adjetivaciones.
Escribe sobre la fatiga del obrero y, en este punto no puedo dejar de recordar a un político que he admirado, como lo fue el primer diputado socialista de “nuestra” América, en 1904, Don Alfredo Palacios, quien dedicó uno de sus primeros libros (1922) a ese tema.
El capítulo siguiente está titulado “A una nueva melodía, una nueva canción” y reitera una y otra vez la misma temática hasta que por fin entra en el tema de pereza de la siguiente manera:
“En el régimen de pereza, para matar el tiempo que nos mata segundo a segundo, habrá espectáculos y representaciones teatrales todo el tiempo; será el trabajo adecuado para nuestros legisladores burgueses. Se los organizará en grupos recorriendo ferias y aldeas, dando representaciones legislativas. Los generales, con botas de montar, el pecho adornado con cordones, medallas, la cruz de la Legión de Honor, irán por las calles y las plazas, reclutando espectadores entre la buena gente”.
Como es dable observar, a este hombre nada le cae bien. Sin embargo, luego de más denuestos, se abre una luz de esperanza. Luz que tanto ilumina al lector que creerá que al fin vendrá lo bueno, como al proletariado que por fin podrá dedicar tiempo a la pereza. Esa luz la presenta en condicional:
“Si la clase obrera, tras arrancar de su corazón el vicio que la domina y que envilece su naturaleza, se levantara con toda su fuerza, no para reclamar los Derechos del Hombre (que no son más que los derechos de la explotación capitalista), no para reclamar el Derecho al Trabajo (que no es más que el derecho a la miseria), sino para forjar una ley de bronce que prohibiera a todos los hombres trabajar más de tres horas por día, la Tierra, la vieja Tierra, estremecida de alegría, sentiría brincar en ella un nuevo universo…”
De cualquier manera, la frase la finaliza con su habitual escepticismo:
“¿Pero cómo pedir a un proletariado corrompido por la moral capitalista que tome una resolución viril?”.
Y finaliza el capítulo de la misma manera como si fuera un poeta griego de la antigüedad, o mejor romano, como lo fue Virgilio de quien tomó un verso de sus “Bucólicas” al principio de la obra que estamos terminando de comentar.
“¡Oh, pereza, apiádate de nuestra larga miseria! ¡Oh, Pereza, madre de las artes y de las nobles virtudes, sé el bálsamo de las angustias humanas!”.
El libro lo termina con un apéndice en el cual se explaya con citas de Heródoto, Platón, Jenofonte y Cicerón repudiando el trabajo manual y luego les dedica unos párrafos a algunos filósofos de su época que desde la hipocresía cristiana alientan el trabajo.
En fin, debo reconocer que he leído textos sobre el ocio y la pereza los que estaban mucho mejor escritos y más amenos como lo fue, por ejemplo, el del filósofo B. Russell (1935).

Referencias bibliográficas:
LAFARGUE, P.: (1880) El derecho a la pereza. Editorial Fundamentos, Madrid, 1980.
MAERK, J.: (2000) El derecho a la pereza, de Paul Lafargue. Revista Mexicana del Caribe, Vol. V, núm. 9.
MARTÍ, J.: (1891) Nuestra América. Biblioteca Ayacucho, Caracas, 2005.
MARX, C. y ENGELS, F.: (1848) El Manifiesto Comunista. Ed. Anteo, Bs. Aires, 1986.
PALACIOS, A.: (1922) La fatiga y sus proyecciones sociales. Losada, Bs. Aires, 1955.
RUSSELL, B.: (1935). Elogio de la ociosidad. Edhasa, Barcelona, 1989.
VICTOR HUGO: (1862). Los miserables. Planeta, Madrid, 2012.



http://critica.cl/biografias/p-lafargue-y-el-derecho-a-la-pereza


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viernes, 31 de enero de 2014

En Costa Rica a esto lo llaman subempleo y entra en la estadisticas

La Siguiente noticia hay que leerla:

Diario Granma
ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ
CENTRAL DEL PARTIDO
COMUNISTA DE CUBA



Expectativas por cuenta propia
Además de generar empleos, el trabajo por cuenta propia ha permitido al Estado liberarse de un numeroso grupo de prestaciones menores, que representaban una considerable carga económica

ORFILIO PELÁEZ, LISANDRA FARIÑAS ACOSTA, RONAL SUÁREZ RIVAS, VENTURA DE JESÚS Y ROXANA NÚÑEZ WILSON
El panorama económico y social cubano ha ganado diversidad y dinamismo, entre otras cosas gracias a la flexibilización y ampliación del trabajo por cuenta propia, aprobadas en el mes de octubre del 2010 por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros en su Resolución No. 32.
LAS MUJERES SIGUEN ASOCIADAS EN SU MAYORÍA A ROLES TRADICIONALES COMO
LA VENTA Y ELABORACIÓN DE ALIMENTOS. FOTOS: MAYLIN GUERRERO OCAÑA



Como parte del proceso de actualización del modelo económico cubano, y después de pasar por etapas de auge y declinación en las últimas dos décadas del siglo XX y primeros años de la presente centuria, el trabajo por cuenta propia ha devenido desde entonces en una de las formas de gestión no estatal de mayor presencia.

Al cierre del mes de noviembre del pasado año ejercían esta modalidad laboral 444 109 personas en el país (eran alrededor de 156 mil en octubre del 2010), mientras el número de actividades aprobadas alcanza hoy la cifra de 201, de las 178 reportadas inicialmente, según datos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS).
Además de generar empleos, la mencionada variante tributa ingresos al presupuesto estatal por el pago de impuestos derivados del arriendo de locales, contratación de empleados, la compra de insumos, y a partir de las utilidades obtenidas de la venta de productos, servicios prestados y otras fuentes, a la vez que ha permitido al Estado liberarse de un numeroso grupo de prestaciones menores, que representaban una considerable carga económica.
LA ELABORACIÓN Y VENTA DE ALIMENTOS ES UNA DE LAS ACTIVIDADES MÁS REPRESENTATIVAS DEL TRABAJO POR CUENTA PROPIA.
Transcurridos poco más de tres años de su incremento y expansión, el trabajo por cuenta propia distingue el variopinto escenario nacional y se afianza como una alternativa de empleo que debe continuar creciendo en los próximos años, más allá del número de licencias que por disímiles motivos sean entregadas o revocadas.
Las provincias de La Habana, Matanzas, Villa Clara, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba agrupan el 65 % del total de estos trabajadores. Granmaofrece a sus lectores una mirada al quehacer de los cuentapropistas en el país, sus expectativas e insatisfacciones, y recoge las opiniones de académicos y directivos, acerca de la marcha de tan dinámico proceso.

NEGOCIOS EN PRIMER PLANO
Con más incertidumbre que expectativas, Rafael Fernández Gironelly abrió en diciembre del 2010 su dulcería en la capitalina barriada de Nuevo Vedado. "Yo estaba desvinculado laboralmente en ese momento, y a pesar de que en mi familia no teníamos experiencia en hacer dulces, decidimos probar y empezar el negocio, para ver cómo marcharía y si valdría la pena seguir".

LOS JÓVENES REPRESENTAN HOY EL 32 % DEL 
TOTAL  DE LOS TRABAJADORES POR CUENTA PROPIA

Hoy, como pudimos apreciar los reporteros de Granma, su negocio goza de gran aceptación entre los clientes por la calidad y variedad de sus productos, diferentes precios, la higiene del local y el trato afable de sus empleados. Dice Rafael que el nivel de acogida que tiene la dulcería se fue bien por encima de cualquier estimado inicial y precisa que en la actualidad trabajan allí unos 25 empleados, la mayoría vive en las cercanías del local y tiene buena calificación profesional.
Como principales ofertas de la casa disponen de diferentes tipos de cake y dulces finos. Abre todos los días de 9:00 a.m. a 9:00 p.m., y como expresa su dueño, atender un negocio personal requiere dedicarse a él a tiempo completo, pero tus ingresos son bien superiores al poder adquisitivo del ciudadano promedio, y tienes la posibilidad de crear y poner en práctica cualquier idea para hacerlo más atractivo, siempre dentro del estricto cumplimiento de lo establecido en la licencia.
Dijo que las mayores dificultades que enfrentan radican en la posibilidad de acceder de manera estable a determinados suministros, como la vainilla, cuya falta perjudica la elaboración de algunos productos.
Mikely Arencibia es uno de los pinareños que hoy ejercen el trabajo por cuenta propia. En un pequeño estudio de fotografía, donde pasa la mayor parte del día, asegura haber encontrado la verdadera vocación de su vida. Por ello, al margen de los beneficios económicos que le pueda reportar, asegura que no cambiaría de oficio por ningún otro. Se trata, según explica, de un servicio que el cliente no encontraría en las entidades estatales.
"Si usted va hoy a un estudio estatal para hacer fotos de 15, por ejemplo, le dirán que allí no las realizan", afirma Mikely, al tiempo que señala la amplia variedad de ofertas que él ofrece, y agrega que el trabajo por cuenta propia les ha dado la posibilidad a las personas de desempeñarse en el campo que les gusta, y ha estimulado su creatividad.

OFICIOS TAN AÑEJOS COMO EL DE LA RELOJERÍA

 HAN SIDO REVITALIZADOS. FOTO: SILVIA DIÉGUEZ


En los tres últimos años, más de 12 mil pinareños se han vinculado a esta modalidad de empleo, luego de la ampliación de las opciones para ejercer el cuentapropismo. En tal sentido Guillermo Sarmiento, vicepresidente del Consejo de la Administración de esta provincia, comenta que si en el 2010 el 85 % de la fuerza laboral del territorio estaba asociado al sector estatal, en la actualidad esa cifra se ha reducido al 77 %. Es una tendencia que se ha mantenido, asegura el funcionario. "Aunque el nivel de incorporación en la actualidad no es tan alto como en un primer momento, el número de trabajadores por cuenta propia continúa incrementándose mes tras mes".
Muchos son los negocios que han surgido en disímiles modalidades y que representan una alternativa para el ciudadano. Nace con ellos la "competencia" para muchos servicios ofrecidos por el Estado, y para otros del sector no estatal.
Para Alberto Ernesto Chacón, quien administra un patio paladar en el Vedado (oferta básicamente comida cubana), es esta competencia la que "te obliga a brindar un servicio de máxima calidad con exquisitos platos y buen trato; de lo contrario, la gente deja de venir y quiebras".
Se queja también de la falta de estabilidad para adquirir los insumos, y los altos precios que paga por las copas, vajillas, vasos y juegos de cubiertos, al no existir un mercado donde comprarlos más baratos. "Me da para vivir desahogadamente y adquirir bienes que no están al alcance de muchos ciudadanos, pero le dedico unas 16 horas diarias, hay que sudar mucho para ganarse el dinero", manifestó.
En la ciudad de Matanzas han abierto numerosos establecimientos para la actividad de restaurantes. Alberto Jiménez, transportista de oficio, habla de la aceptación que han tenido estos por el público. "El precio no es asequible para todos, pero en las que he visitado resaltan la calidad, limpieza del local, excelente trato y buena presencia de los alimentos", dice.
En Pinar del Río, Carlos Aldao, maestro relojero durante más de tres décadas, recuerda que en las instalaciones para este tipo de servicio apenas había iluminación, y el calor era muy grande.
Incluso hubo algunas que fueron cerradas a causa del deterioro, como la antigua escuela de relojería, un espacio que decidió arrendar hace casi dos años para acondicionar en él su propio taller.
Desde entones, el viejo local que había estado clausurado por la humedad, se ha convertido en un sitio concurrido, en el que Aldao ejerce el oficio que durante mucho tiempo se dedicó a enseñar.
Pero no todos los nuevos negocios han podido consolidarse y prosperar. Según datos del MTSS, al cierre de noviembre del 2013 se habían producido 407 608 bajas, acumulado que se calcula desde el año 2010.
DISFRUTAR ACIERTOS, SORTEAR OBSTÁCULOS
El joven de 26 años Adilson Bofill Paredes estaba sin vínculo laboral cuando a comienzos del 2012 sacó la licencia de barbero en el municipio de Diez de Octubre, La Habana, luego de pasar previamente dos cursos para aprender tan añejo oficio. Sin embargo, las cosas no salieron como él esperaba, pues además de carecer de un local apropiado, la demanda de clientes era baja y las utilidades distaban de satisfacer sus expectativas.
Apenas seis meses después, fue uno de los trabajadores por cuenta propia que devolvieron la patente al no rendir los frutos esperados, pero quiso probar entonces en otra actividad y en el mes de diciembre del pasado año solicitó y obtuvo la de comprador vendedor de CD y DVD.
"Con esta modalidad me va mucho mejor, gano alrededor de tres veces el salario promedio del sector estatal, y puedo darle a mi familia acceso a productos que son caros en las tiendas, así como a determinados bienes y útiles necesarios para el hogar".
Adilson afirma que los procesos de obtención de ambas licencias fluyeron rápido, y destaca de manera particular la buena gestión desempeñada por la Dirección de Trabajo del populoso municipio capitalino.
Desde su negocio en 44 y 31, en Playa, Elizabeth Sánchez, que posee una licencia para vender bisutería, útiles del hogar y muebles de mimbre, nos cuenta de lo acertado de su decisión: "Trabajé como arquitecta por seis años y en ese tiempo no había podido arreglar mi cocina, ahora en solo dos años lo logré."
Como generador de empleos, el trabajo por cuenta propia ha dado la oportunidad de ejercer determinadas modalidades a muchos ciudadanos, hasta entonces desvinculados. De igual forma, muchos de nuestros entrevistados refirieron que emigraron del sector estatal hacia nuevas formas de gestión, en la búsqueda de mejorías económicas.

LO QUE PREOCUPA...

No todo son buenas nuevas para los trabajadores por cuenta propia, al menos para los entrevistados por este equipo de reporteros. Varias son sus preocupaciones en este escenario laboral, que van desde la necesidad de un mercado donde abastecerse de manera estable, hasta otras relacionadas con el contenido de las licencias, el sistema tributario y la labor de los órganos de supervisión.

Algunos consideran, por ejemplo, que los inspectores no siempre actúan con la suficiente profesionalidad, pues algunos muestran baja preparación a la hora de solicitar la documentación requerida y en el conocimiento del contenido de la patente.
Sobre las dificultades que más les afectan, mencionan la frecuente falta de materiales para ejercer su trabajo, pues no siempre se encuentran los suministros necesarios; es decir, la presencia y la calidad de las ofertas en la red comercial es inestable, ya sea en pesos cubanos (CUP) o en CUC.
Así le sucede a Marian Jiménez, quien abrió junto a su hermana hace casi tres años una peluquería en el Vedado capitalino. A ella le preocupa el acceso estable a productos, y en su opinión la oferta no cubre la demanda. "No podemos mantener la marca de un producto, algo tan importante en esta actividad", señala, y agrega el tema de los precios. "Cuando abrimos un tinte costaba 3.50 CUC, y hoy vale 4.50".
Para Lázaro Rodríguez, presidente de la Asociación Nacional de Economistas de Cuba en la provincia de Matanzas, uno de los territorios con mayor número de cuentapropistas (más de 39 mil licencias registradas), la falta de un mercado mayorista estable de materias primas constituye uno de los principales inconvenientes del trabajo por cuenta propia. Ello incide de forma negativa pues muchos deciden buscar los recursos necesarios en el mercado negro, lo cual repercute luego en el precio de los productos y su disponibilidad, incentivando ilegalidades y generando una inapropiada competencia con la economía doméstica.
Carlos Ripoll, administrador de la cooperativa no agropecuaria de construcción Sagebien, concebida básicamente para contribuir a la conservación y restauración del centro histórico urbano de la ciudad yumurina, manifiesta que pese al llamado de no generar estigmas ni prejuicios hacia ellos todavía existe mucha desconfianza por parte de los empresarios. "Todo el mundo piensa que nos vamos a hacer ricos. La cooperativa lleva tres meses de creada y todavía los encargados de vendernos la materia prima no lo han hecho".
Aun cuando la política del país, expresada en el Lineamiento 9, ha sido ir incrementando paulatinamente los suministros en la red, de modo que estos trabajadores puedan adquirir en ella tanto en CUC como en CUP las materias primas que necesitan, lo cierto es que todavía no se logra mantener un adecuado flujo comercial, mientras no existe propiamente un mercado mayorista que satisfaga la demanda de este sector.
No obstante se dan algunos pasos. Odalys Escandel, viceministra primera del Ministerio del Comercio Interior (MINCIN), durante la más reciente sesión del Parlamento cubano explicó ante la comisión permanente de Atención a los servicios, que para el 2014 se incrementaría la gama de renglones que se comercializan en el mercado en beneficio de las distintas actividades del trabajo por cuenta propia, para lo cual se han destinado más de 340 millones de pesos.

GARANTIZAR UN DERECHO

Desde el mismo año 2010, el trabajo por cuenta propia se vinculó al movimiento sindical, según explicó a nuestro diario Rodolfo Jiménez Polanco, funcionario de la Central de Trabajadores de Cuba, quien agregó que inmediatamente se produjo un desarrollo de la acción de sindicalizar, organizar y atender a esa fuerza productiva.
"Al cierre de octubre contábamos con 257 639 trabajadores afiliados de los que están inscritos".
El trabajo de sindicalización, apuntó, se realizó directamente a través de contactos con cada uno de ellos y se obtuvo gran aceptación, pues a la mayoría le interesa estar organizados y tener quien los defienda. "No se han seguido esquemas para este proceso, sino que se han organizado de acuerdo con las características de cada lugar, de forma práctica y como más convenga a los trabajadores. Hay secciones sindicales en áreas abiertas y cerradas, piqueras de carro, circunscripciones.
"Tenemos insatisfacciones en cuanto a lograr un mayor número de afiliados. No en todos los territorios se ha realizado eficazmente el trabajo de argumentación sobre la importancia de estos en el sindicato; en algunos casos no se ha llegado a los trabajadores a preguntarles si quieren afiliarse. Nosotros entrevistamos a 10 mil trabajadores en Centro Habana el pasado año, y un número importante decía que no habían llegado a ellos, otros que no desean afiliarse y argumentaban que no ven en el sindicato solución, o la utilidad de estar sindicalizados; otros quieren conocer más o estabilizarse en su negocio antes de hacerlo. Muchos consideran que debe ser más convincente la actuación del sindicato en la solución de sus problemas", explicó el funcionario.
Lo cierto es que de los trabajadores entrevistados, una parte de ellos opina que no sentían necesidad de sindicalizarse, pues hasta el momento les iba bien sin hacerlo y no le veía utilidad.
Encontramos a su vez otras opiniones como las de Yoandri Guerrero Pardo, que desde hace dos años anda por La Habana Vieja en su bicitaxi, y quien comentó que "por falta de organización aún no tenemos un sindicato que nos agrupe. Ello influye en nuestras condiciones de trabajo ya que no hay nadie que nos respalde".
Avanzar más en la creación de secciones sindicales y desempeñar un papel eficaz en las reuniones, fundamentalmente para la solución de diversos planteamientos que en su gran mayoría tienen carácter local y representan el mayor volumen de in-quietudes, es a juicio de Jiménez Polanco uno de los principales retos que enfrentan.
El planteamiento más reiterativo, dijo, es la posibilidad de tener fuentes de abastecimiento para desarrollar legalmente la actividad. Quedan pendientes de respuesta otras cuestiones planteadas en los activos que se han realizado, como que se exonere del pago de los impuestos a los repasadores y cuidadores de niños en el periodo vacacional.
Según refiere Jiménez Polanco, otra de las inquietudes reiteradas tiene que ver con el trabajo de supervisión. "Estamos de acuerdo con la inspección y en que hay que incrementarla, pero tiene que ser profesional, realizarse con las normas establecidas, y como movimiento sindical debemos favorecer que se eleve su calidad. Considero que si un inspector entra a un área común de trabajo por cuenta propia, lo primero que debería hacer es ver al sindicato".
Asimismo señaló que es necesario aumentar la capacitación y la educación de los trabajadores, y destacó que el proceso de sindicalización en las áreas comunes ha tenido una mejor actuación. Sin embargo, uno de los problemas que enfrentan es la mejoría de las condiciones de vida de esas áreas, en lo referente a agua, baños e iluminación, apuntó.
Estar sindicalizados es un derecho y una opción de cada trabajador. Dentro de las nuevas formas de gestión no estatal, el trabajo del sindicato toma otros matices que pasan por la necesidad de lograr que estas personas quieran pertenecer a ellos, y en mejorar el funcionamiento de cada sección sindical.


UN ALERTA...


Una de las fuerzas productivas con notable incorporación al trabajo por cuenta propia es sin duda la mujer. Su incorporación a este nuevo sector como recurso de empleo y alternativa para cubrir determinadas urgencias relacionadas con satisfacer demandas de tipo económico, de bienestar individual y para toda la familia, cobra importancia en el nuevo escenario. Según datos del MTSS, las féminas representan hoy el 26 % del total de esta fuerza productiva. Los jóvenes por su parte son hoy un 32% (más de 130 mil) de los trabajadores del sector no estatal, concentrándose mayormente en la actividad de trabajadores contratados por otros particulares.

Graciela González, doctora en Ciencias Socio-lógicas y profesora del departamento de sociología de la Universidad de La Habana, y que ha investigado los temas relacionados con la mujer y el empleo, contó a nuestro diario sobre la experiencia de su más reciente investigación en municipios como Marianao y Centro Habana, presentada en el 9no. Taller Internacional Mujeres en el Siglo XXI.
En ese estudio se reflejó una tendencia a no exigir en estos nuevos puestos de trabajo las mismas condiciones laborales que en el sector estatal en materia de protección, higiene, garantías como las vacaciones remuneradas o la posibilidad de superación.
En el caso específico de la mujer, explicó que "existe un traslado hacia ese sector de muchachas que habían estado poco tiempo en el estatal, o que han pasado directamente sin acumular experiencia desde el punto de vista laboral", y que por tanto están en desventaja a la hora de pactar un contrato en el cual se tomen en cuenta características muy específicas del género como el derecho a la maternidad.
Por otra parte, indicó Graciela González, que las trabajadoras perciben que no se han organizado todavía suficientemente aquellas instituciones de corte sindical que pudiesen garantizar y consensuar de forma colectiva demandas, reclamaciones y puntos de vista diferentes; no ven a dónde acudir.
Además, señaló que en las zonas estudiadas se pudo observar que los sistemas de supervisión empleados no tienen contempladas las disposiciones relacionadas con la seguridad y protección del trabajo en este nuevo sector. "Tienen que ajustarse los términos entre contratador y contratado. Los convenios tienen que ser regularizados, garantizar la no violación de lo que se haya establecido en términos de contrato".

Son estos algunos elementos sobre los que vale la pena reflexionar, en aras de perfeccionar este nuevo escenario, todavía joven y en constante replanteamiento. El trabajo por cuenta propia es visto hoy como una nueva opción para el trabajador cubano, urgido de mejorar su economía; una posibilidad de empleo ante el redimensionamiento del sistema estatal, la reducción de plantillas, y también en él muchos han encontrado su realización personal y profesional. Pero es necesario, para no perder el rumbo, analizar este proceso en su amplia dimensión, con sus aciertos y posibles fallas, para que las nuevas formas de gestión no estatal cumplan las expectativas de todos.