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miércoles, 15 de junio de 2016

La diplomacia de la diáspora: una espada de doble filo


Miembros de la comunidad armenia en Estados Unidos se manifiestan frente al consulado de Turquía en Los Ángeles, California. (David McNew/Getty Images)

Cuando los expatriados o las comunidades nacionales residentes en el extranjero tienen intereses paralelos a la política exterior del país.
La diplomacia de la diáspora, es decir, el uso de los expatriados y las comunidades nacionales que viven en otros países para obtener unos objetivos diplomáticos concretos, es un fenómeno que viene de atrás pero que quizá se ha estudiado poco. Por ejemplo, los grupos de armenios en el extranjero son un elemento importante de la diplomacia de su país. No cabe duda de que los expatriados pueden formar grupos de presión muy importantes y tener acceso a los responsables políticos y relaciones con ellos más fácilmente que los diplomáticos.
Sin embargo, no todas las diásporas están dispuestas a ejercer esa función. Los que son exiliados de regímenes pasados o presentes, a veces, desconfían de las intenciones de las autoridades cuando estas les abordan en persona o a través de Internet, y hasta negarse a que el Gobierno los manipule para sus propios fines. Esa ha sido, en cierta medida, la experiencia de las embajadas chinas con sus residentes en el Sureste Asiático. No obstante, incluso cuando no existe ese problema y la diáspora está dispuesta a colaborar con la estrategia diplomática de su país, puede seguir siendo una espada de doble filo. Los expatriados no siempre hacen lo que se les dice o, cuando lo hacen, a veces van más allá de las intenciones o los límites de la política que su Gobierno está tratando de desarrollar. Uno de los motivos es que las comunidades que viven fuera no tienen que sufrir las consecuencias de sus propios actos. Voy a examinar la diplomacia de la diáspora en tres ámbitos en los que tengo cierta experiencia personal: la relación de los estadounidenses de origen irlandés con el problema de Irlanda del Norte, el papel de la comunidad vasca expatriada en la búsqueda del reconocimiento del País Vasco y la labor de la diáspora armenia a la hora de apoyar a la República de Armenia y lograr que se reconozca el genocidio de su país.    
La comunidad estadounidense de origen irlandés tuvo (y sigue teniendo) una importante influencia en los acontecimientos de Irlanda del Norte y de Irlanda propiamente dicha. Los esfuerzos de los más extremistas para recaudar dinero y suministrar armas fueron un recurso logístico fundamental para el IRA provisional. Incluso los grupos más moderados eran capaces de crear problemas a los Gobiernos de Reino Unido y la República de Irlanda. Un ejemplo es la ley McBride, cuyo propósito era prohibir a las empresas estadounidenses que invirtieran en cualquier compañía norirlandesa que no diera trabajo al menos a un 50% de católicos. Dado que, por aquel entonces, en Irlanda del Norte había más protestantes, la norma habría impedido a los norteamericanos invertir en la mayoría de las empresas. El Gobierno británico y el irlandés se oponían a la ley porque pensaban que no iba a servir más que para causar más problemas en la provincia, con el correspondiente deterioro de la seguridad. Las presiones de los dos gobiernos consiguieron evitar que el Congreso de Estados Unidos aprobara la ley, pero sí la aprobaron varios estados y ciudades. Como consecuencia, ninguna empresa estadounidense que quisiera obtener contratos con esos estados y ciudades podía hacer negocios en Irlanda del Norte. Este es un ejemplo de un problema habitual entre las diásporas: más que en el presente, viven en una versión idealizada del pasado. Para los norteamericanos de origen irlandés, los problemas de Irlanda del Norte eran una plasmación de la lucha contra los ingleses y el deseo de vengarse de la hambruna, cuando, en realidad, se trataba de una brutal campaña terrorista cuyas víctimas eran, en su mayoría, irlandeses. Dicho esto, hay que reconocer que a partir del 11S la comunidad de origen irlandés contribuyó de forma importante a convencer al IRA provisional de que abandonara la violencia (tal vez porque, por fin, comprendieron lo que significaba).
El País Vasco es un ejemplo interesante de cómo una diáspora puede representar a un Estado que todavía no está reconocido. El Partido Nacionalista Vasco no oculta que aspira a crear un Estado independiente. Sin embargo, a diferencia de los catalanes, no ha caído en un enfrentamiento directo con el Gobierno español. La comunidad vasca en el extranjero tiene su origen, en parte, en la emigración del siglo XIX, sobre todo a América Latina, y en parte en los que huyeron de la represión del régimen de Franco al terminar la Guerra Civil. El grupo más reciente, por tanto, está más politizado. Desde el restablecimiento de la democracia en 1976 y la formación de un gobierno autónomo vasco, este ha utilizado repetidamente a los vascos expatriados para exponer sus argumentos en el extranjero. Los que viven sobre todo en Latinoamérica pero también en algunos estados de Estados Unidos han ejercido enormes presiones para obtener el reconocimiento del País Vasco y para que los principales personajes políticos reciban a los presidentes de su gobierno (lehendakaris). Han tenido bastante éxito. Varios países latinoamericanos y otros tantos estados norteamericanos han recibido a los sucesivos presidentes del gobierno vasco con categoría de jefe de Estado. Otros, ante las presiones del Gobierno español, no han recibido más que a cargos intermedios. En cualquier caso, parece todo un éxito de los expatriados. Sin embargo, ha tenido un efecto distorsionador en la política exterior vasca, que se centra más en los países en los que la comunidad vasca es más influyente —y en los que, por tanto, se sabe que el lehendakari y otros políticos vascos van a recibir el mejor trato posible—, aunque no siempre sean los países que más interesan para el futuro desarrollo económico y social de los vascos. Es decir, su estrategia exterior tiende a depender de la distribución geográfica de la diáspora más que de los verdaderos intereses vascos.
La diáspora armenia muestra lo que sucede cuando los objetivos y las prioridades de los expatriados no coinciden necesariamente con los de su país. Los armenios, sobre todo en Francia y Estados Unidos, han defendido con energía las estrategias diplomáticas del Gobierno de su país. Han aportado recursos financieros y humanos que han permitido a Armenia conservar el control del disputado territorio de Nagorno-Karabaj y reparar los estragos causados por la guerra. Pero su prioridad fundamental es que la comunidad internacional declare oficialmente que Turquía llevó a cabo un genocidio contra los armenios en 1915, una prioridad que refleja los orígenes de muchos de los que componen el grupo, cuyas familias huyeron entonces del país. La campaña para obtener ese reconocimiento ha tenido un éxito considerable. Pese a los esfuerzos de los diplomáticos turcos, la Asamblea Nacional francesa, el Congreso de Estados Unidos y el Bundestag alemán han reconocido el genocidio. Es un asunto importante para todos los armenios y para su Gobierno, pero no tiene por qué ser la máxima prioridad. Desde el punto de vista de la seguridad, Armenia necesita seguir controlando Nagorno-Karabaj, pese al volumen de armamento que Azerbaiyán ha logrado acumular gracias al dinero del petróleo. Y la diáspora no ha tenido tanto éxito a la hora de convencer a la comunidad internacional de que la ocupación armenia del territorio en disputa es justa (¿tal vez porque les interesa menos?). Otro aspecto que es crucial para el Ejecutivo armenio es la necesidad de fortalecer la economía, que sufre las consecuencias de tener dos fronteras cerradas (con Turquía y Azerbaiyán) y una complicada (con Georgia) debido al conflicto entre este último país y Rusia. En la práctica, la única frontera totalmente abierta de Armenia, por la que debe canalizar todo su comercio, es la que comparte con Irán. De ahí que una de las grandes prioridades del Gobierno haya sido convencer a Ankara para que abra la frontera. En 2008, el presidente armenio invitó a su homólogo turco a un partido de fútbol entre las dos selecciones nacionales. Allí nacieron unas negociaciones que parecían encaminarse hacia la apertura de la frontera como gesto de buena voluntad (hasta el punto de que Azerbaiyán empezó a inquietarse), pero, justo en ese momento, la campaña de la diáspora armenia para que Francia reconociera el genocidio alcanzó su apogeo, con la declaración oficial de la Asamblea Nacional. Los armenios que viven en Francia, por supuesto, no sufren las consecuencias económicas del cierre de la frontera. Insistió en su campaña sin tener en cuenta en absoluto lo que suponía para las relaciones con Turquía. El resultado fue que los turcos rompieron de inmediato las negociaciones y la frontera continúa hoy cerrada.
Aunque las diásporas son un poderoso instrumento para facilitar la estrategia diplomática de un país, también pueden ser espadas de doble filo. Sus prioridades no siempre son las mismas que las de sus gobiernos, y no sufren las consecuencias de sus actos. En los casos de los estadounidenses de origen irlandés y los armenios, los expatriados han adoptado siempre posturas más extremistas e inflexibles que los que vivían en sus respectivos países. Es lo mismo que sucedió en el conflicto yugoslavo, donde, por ejemplo, los líderes paramilitares croatas más radicales fueron los que habían regresado después de vivir en el extranjero. En algunos casos, además, los ciudadanos que viven en otro país pueden dañar la reputación de su país de origen y, por tanto, la eficacia de su labor diplomática. La tremenda implicación de los exiliados kosovares en el tráfico de drogas y la criminalidad del nordeste de Londres durante los años 90 debilitó enormemente la influencia que el líder kosovar de entonces, Rugova, tenía en los círculos oficiales británicos. Los diplomáticos deben tener presentes a sus compatriotas en el extranjero cuando elaboran sus estrategias para promover los intereses nacionales, porque son un instrumento más, incluso importante. Pero deben tener cuidado de no manipularlos ni dejarse manipular por ellos. Como muestran estos ejemplos, la diáspora, muchas veces, tiene más poder que los representantes oficiales.
 Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

La diplomacia de la diáspora: una espada de doble filo



http://www.esglobal.org/la-diplomacia-de-la-diaspora-una-espada-de-doble-filo/

martes, 21 de abril de 2015

Cien años del genocidio armenio













Cien años después, el genocidio armenio nos sigue impresionando tanto por su dimensión –la cifra de víctimas oscila entre 600.000 y 1.800.000, según los distintos estudios– como por el manto de olvido que lo ha cubierto en Occidente. En 1915 la opinión pública de Europa y los Estados Unidos podía conocer, gracias al testimonio de diplomáticos, misioneros y otras personas sobre el terreno, las atrocidades que el Ejército otomano y ciertas unidades especiales cometían contra los armenios del imperio. Las provincias que históricamente habían acogido a una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo eran el escenario de una destrucción sistemática: Van, Erzurum, Mamüretulaziz, Bitlis, Diyarbekir y Sivas. No era la primera vez que se desataba una oleada de violencia contra los cristianos, pero los líderes del Comité Unión y Progreso trataron de asegurarse de que fuese la última. A las detenciones de la élite intelectual armenia de Constantinopla, la noche del 23 al 24 de abril de 1915 (250 personas en las primeras redadas), le siguió el arresto, encierro y asesinato de la mayor parte de los soldados armenios enrolados en el Ejército imperial. Las marchas a pie por los desiertos de Siria acabaron con ancianos, mujeres y niños expuestos a la desnutrición, los elementos y la violencia de los guardianes. No se trataba tanto de llevarlos a un lugar determinado como, más bien, de asegurarse de que jamás llegasen a ninguna parte. La marcha era una forma de ejecución, como el fusilamiento o el enterramiento en vida. Todas ellas las sufrieron los armenios.

En algunos lugares, los cristianos armenios –y junto a ellos otros, como los griegos y los asirios– lucharon y resistieron. Algunos lograron escapar de las masacres. En el Viejo Continente y, sobre todo, en los Estados Unidos los esfuerzos de socorro movilizaron a intelectuales y activistas. El corazón de Occidente era armenio y corría en auxilio de los perseguidos, aterrorizados, exterminados. Ravished Armenia (1919), la primera película sobre el genocidio, se basaba en la historia de una superviviente, Aurora Mardiganian, y fue un éxito de crítica en su estreno. Los comités nacionales y locales, ayudados por las comunidades armenias en la diáspora, trataron de canalizar la ayuda económica que se dirigía a las provincias asoladas por la barbarie.
Sin embargo, al terminar la Gran Guerra y, sobre todo, la Segunda Guerra Mundial, la coyuntura política se fue volviendo cada vez más adversa para los armenios. La República de Turquía sustituyó al Enfermo de Europa. La joven República de Armenia, proclamada en 1918 y finalmente integrada en la URSS en 1920, tras su ocupación por el Ejército Rojo, quedó aprisionada en otro imperio como república socialista soviética. El recuerdo del genocidio sufrió la división del mundo en dos bloques. Sobre el espantoso destino de los armenios cayó un manto de silencio. La narrativa comunista soviética era poco proclive a las reivindicaciones nacionales y menos, como en este caso, cuando la cuestión religiosa –la fe cristiana de los armenios– era una parte central de la memoria del genocidio.
La política internacional hizo el resto. Poco a poco, al olvido por el paso del tiempo se sumó la voluntad de impunidad. La República de Turquía convirtió en parte de su acción diplomática y política la negación del genocidio y el revisionismo histórico. Se trató de argumentar pretextos –por ejemplo, que los armenios pretendían ser una quinta columna de los enemigos del imperio, o que el nacionalismo armenio era una amenaza para la unidad territorial– o de admitir matanzas, pero –aducían– nunca tuvieron el objeto de erradicar toda huella y memoria de la presencia armenia. Parte del precio por tener una buena relación con Turquía pasaba por soslayar esta página de oscuridad insondable en medio de una historia de cinco siglos llena de episodios luminosos. Ankara no podía admitir que el pueblo que acogió a los judíos expulsados de España y que había alumbrado una de las formas más elevadas de la cultura islámica hubiese consentido –ni mucho menos perpetrado– las atrocidades que sufrieron los armenios.
Así seguimos. Frente a la realidad de los testimonios históricos –desde los informes de los oficiales extranjeros que luchaban en el Ejército otomano hasta las actas de los juicios seguidos contra los responsables de las masacres, algunos de los cuales terminaron condenados–, la voluntad genocida forma parte del plan del exterminio de los armenios desde el primer momento; más aún, se remonta al tiempo de las matanzas hamidianas de 1894-1896. Turquía sigue negándose a reconocer que hubo un genocidio y no solo episodios atroces de violencia.
El orgullo nacional y el temor a las reivindicaciones económicas y territoriales inspiran la negativa turca a reconocer lo innegable. Sin embargo, en la propia república, sus mentes más lúcidas admiten en privado un debate que aún es problemático mantener en público. Cada vez son más las autoridades académicas –alguna incluso en Turquía– que reconocen lo que la política niega.
Los grandes pueblos son aquellos capaces de mirar cara a cara a su historia. Es hora de que Turquía afronte lo que sucedió. La diplomacia y las relaciones internacionales no pueden soslayar lo que la razón impone y la historia reconoce. Turquía lleva cien años de retraso en reconocer el genocidio y cien años presionando para evitar que otros lo reconozcan, pero no podrá demorar para siempre su cita con la Historia.



Florentino Portero: "El Genocidio Armenio se produjo contra cristianos dentro de Turquía"



domingo, 25 de diciembre de 2011

El pueblo armenio tiene derecho a que escuchen su clamor.



Los números no cuentan, la verdad es lo que interesa : Si hubo genocidio armenio.
Durante cerca de 100 años, el pueblo de Armenia ha luchado por que se escuche su clamor, que los pueblos del mundo conozcan la verdad de lo que sus pobladores sufrieron, la verdad del primer genocidio del siglo XX, la verdad de quienes fueron los culpables de la desaparición física de cerca a los dos millones de personas, y el exilio de muchos mas que tuvieron que abandonar sus tierras, sus pertenencias, sus familias, pero que nunca han cejado en su empeño en hacer oir su clamor, ese grito que se ha ahogado en sus gargantas, pero que sale en silencio y se divulga por todo el planeta.: ¡ Justicia para el pueblo armenio !.
Herbert Adams Gibbons escribió La mas negra pagina de la historia moderna en 1915. En su prólogo dice: Siento necesario e imperativo en este momento, el llamar la atención acerca de esta, sin duda alguna, pagina negra en la historia moderna, para que se conozcan los hechos y se asienten las responsabilidades.
Henry Morghentau en su libro The Murder of a Nation, publicado en 1918 por DoubleDay, nos habla como siendo embajador de los Estados Unidos en Constantinopla, durante los años 1913 a 1916, fue testigo de los hechos que nos relata con suma precisión, la destrucción de la población turco armenia, durante la deportación de 1915, y que califico como lo mas terrible en la historia del mundo. En su dedicatoria dice: a Woodrow Wilson El exponente en América de la ilustración de la opinión publica del mundo, quien ha decretado los derechos de las pequeñas naciones ha ser respetadas y que los crímenes que se describen en este libro nunca mas oscurezcan las paginas de la historia.
Arnold J. Toynbee, en sus libro Armenian Atrocities The murder of a nation, publicada en 1915, nos presenta los testimonios de testigos que le relataron los acontecimientos. En la introducción del mismo nos dice Lord Bryce: No fue por una pasión musulmana en contra de los Cristianos de Armenia. Todo fue por la voluntad del Gobierno, y cometido no por fanatismo religioso, sino porque simplemente se quería, por razones meramente políticas, para que ningún elemento no musulmán impidiera la hegemonía del Imperio... Toynbee nombra su prologo como La Evidencia. Es este libro uno de los grandes testimonios de la época donde se nos relatan las masacres, las deportaciones, las vejaciones a que fue sometido el pueblo armenio.
La cuestión armenia, era un termino que se utilizaba en los años anteriores a 1920, y es que era un asunto que mucho tiempo atrás se había iniciado. Masacres en pueblos armenios durante el siglo XIX, habían sido relatadas por muchos escritores, y continuaban produciéndose aun en los principios del siglo XX. Kevork Aslan, en Armenia y los armenios nos hace un relato sobre los armenios desde los primeros tiempos hasta 1914. Los armenios han sido perseguidos por su religión, pero ellos prefieren la muerte a la apostasía. Étnicamente los armenios constituyen una raza y poseen un elemento de homogeneidad. Tienen su propio lenguaje, y literatura así como sus propias tradiciones, santificadas por la sangre de incontables mártires. Estos son los requisitos para una existencia independiente y que permiten que Armenia sea admitida dentro de las familia de las naciones.
Quizá uno de las mas expresivas manifestaciones, se encuentra en el libro de Bertha Papazian, en el primer párrafo de la introducción, escrita por James L. Barton: La crucifixión de los armenios en manos del Gobierno Turco y con la aprobación sino directa cooperación del Alemania, ha tocado el corazón de la humanidad. El mundo ha testimoniado como la mas antigua y notable de las razas de la historia ha sido objeto de prolongados ataques, atrocidades mas allá de lo que las palabras pueden describir, sin una razón concebible, más que la de exterminar un pueblo entero, cuya ofensa ha sido la industria y su inolvidable crimen la profesión y practica de la Cristiandad. ( Pagina IX . The Tragedy of Armenia.1918).
En Mayo,15 de 1996, se dio una audiencia ante el Comité de Relaciones Internacionales de la Casa de Representantes en Estados Unidos, cuyo titulo era La Historia del Genocidio Armenio. Los testigos de esa audiencia fueron Dr. Levon Marashlian, profesor de Historia, de la Universidad de Glendale, California, el Doctor Rouben Adalian, Profesor de Historia, Universidad de Georgetown y Universidad George Washington, y el Dr. Justin McCarthy profesor de Historia Universidad de Louisville, Kentucky.
En esa Audiencia, el Representante de California, Mathew G. Martínez dijo: El punto es que la comunidad armenia, por muchos años ha querido que el Gobierno Turco reconozca lo que hicieron y que ello esta lleno de evidencias y pruebas que lo confirman. . . La verdad sobre este asunto esta bien documentada y que fue el punto de partida del Holocausto Judío, y bien sabemos que Hitler dijo a sus generales cuando lo interrogaron: Quien, después de todo, habla de la aniquilación de los armenios ?... Y la razón por la que estamos acá debatiendo, es por que cuando el mundo se paraliza y permite un genocidio o una eliminacion de un pueblo por sus diferencias, entonces nosotros somos tan culpables como aquel pueblo que lo comete, debido a que no se tomaron acciones para evitarlo. Y nuestra responsabilidad con los derechos humanos el evitar el abuso de un pueblo contra otro pueblo. Por ello se debe mantener esta audiencia, ya que hay personas que niegan el genocidio armenio, tanto como hay quienes niegan el Holocausto Judío. ( Pagina 7. Hearing before the Commitee of International Relations House of Representatives one houndred Fourth Congress Second Session May, 15.1996)
En la misma audiencia el Dr. Marashlian dice: En 1919, el Congreso Nacional de Turquía confirma la abrumadora evidencia de que los armenios fueron victimas de destrucción masiva durante la Primera Guerra Mundial. Ese Congreso declaro culpables a los oficiales que concibieron y llevaron a cabo la política infernal de exterminación y robo como patente. Esos oficiales son declarados como grandes criminales de la humanidad. Eso es del Congreso Nacional de Turquía. El diario oficial, Takvimi Veyaki, publico el veredicto de los juicios de post guerra contra esos oficiales. La corte Turca sentencio la intención de los líderes otomanos, que era la organización y ejecución del crimen de masacre. Esos que hoy día deniegan el genocidio armenio, y llevan a cabo un revisionismo académico en el orden de prevenir los actos morales de recuerdo de estos crímenes en contra de la humanidad. Los revisionistas de ahora han dicho que Forrest Yowell, Mark Ward, Ruth Parmalee, Isabel Harley, Edith Woods, Herbert Gibbons y el Embajador Henry Morgenthau fueron todos mentirosos y mal aconsejados.....( Página. 11).
Como expresé en un articulo que escribiera en el mes de abril 2011, Monumento a la memoria, sobre la sentencia histórica de un Juez Argentino: El juez federal Norberto Oyarbide emitió un fallo en el que consagró que "el Estado turco cometió el delito de genocidio en perjuicio del Pueblo Armenio" entre 1915 y 1923, cuando más de un millón de ciudadanos de esa nacionalidad fueron asesinados por las fuerzas de Estambul. Además, le reclamó a Turquía que informe sobre la suerte de familiares de un descendiente de armenios.
El parlamento francés, acaba de aprobar una ley en que castiga con cárcel ( una año de prisión) y multa (45.000 Euros ) a aquellos que nieguen el genocidio armenio, basando en una ley del 2001, en la cual ese mismo parlamento había reconocido el genocidio armenio como una verdad innegable.
Turquía ha roto relaciones políticas y militares con Francia, exigiéndole al parlamento francés que retire la nueva ley.