miércoles, 28 de julio de 2010
Defendamos el agua hoy, para no tener sed mañana
El debate en nuestra Asamblea Legislativa llevara a establecer, de eso estoy seguro, en nuestra Constitución Política, que el agua es un bien de dominio público, y por ende el acceso al agua como un derecho humano fundamental y que como tal debe ser protegida por nuestras leyes. Recuerdo una canción de Alberto Cortés, Pobrecito mi patrón, que inicia con las palabras mas sabias sobre el tema del agua: Juan Comodoro.. buscando agua encontró petroleo,... pero se murió de sed. Y es que las guerras del futuro no serán por el oro negro, que llegará a convertirse en mercadería de segunda categoría, si no que aquellos países que posean fuentes del líquido mas preciado por los seres humanos, se convertirán en la presa de los grandes capitales, de hecho se pueden ver las inversiones que se hacen en muchos países de los llamados del sur, los cuales tienen fuentes actualmente no explotadas de agua. Hemos visto como el agua embotellada llega a todos los países económicamente poderosos, provenientes de otros que si pueden producir y empacar ese producto, pero que no se han dado cuenta que los precios del mercado es muy diferente a los que reciben a cambio por sus productos. Cuando un país como el nuestro pierda su potestad sobre dicho líquido, vendrán los grandes inversionistas a comprar todos los terrenos que actualmente tienen la fuentes naturales, privatizaran los servicios públicos, el pueblo se vera afectado con los precios, y ellos se llenaran la bolsa de dineros con lo que pertenece a todos los costarricenses, con lo que por designio de la naturaleza nos ha beneficiado, el agua, que corre por todos nuestros campos, nuestras montañas, que podemos ver en algunos parajes de nuestro hermoso país como nace de las rocas cercanas a las carreteras, cosa que en muchos de esos llamados países poderosos no se puede ver. Mientras nosotros vendemos las botellitas en menos de $0.50 ellos esas mismas las venden en mas de $1.75, y en el futuro su precio se incrementara.
El agua, como fuente natural, sirve en nuestro país para muchos usos: 1.-El riego de nuestros campos de agricultura Uno de los usos de nuestra agua, esta en la agricultura, nuestros sembradíos utilizan en muchos lugares equipos de riego, tomando directamente de las fuentes de abastecimiento, sean los ríos, sean los pozos subterráneos, para lo cual existe una legislación especial. Pero si a esos ríos o a esos pozos no les llegara la suficiente capacidad, debido a que las fuentes originales se privatizaran y se industrializaran para comercio, debilitando el abastecimiento cual seria el futuro de la agricultura en nuestro país?. 2. Uso industrial. Muchas de nuestras industrias utilizan agua para sus procesos, el aumento de los precios de la unidad métrica del agua, produciría un incremento irracional de los costos de producción, con el encarecimiento de los productos y por ende seria generadora de desigualdades y así se ampliaría la pobreza en nuestro país. 3. Consumo de agua potable por los seres humanos. El agua en nuestro país es una de las necesidades que institucionalmente se ha ido solventando por parte de el Estado, de llegar a privatizar las fuentes de producción muchos de nuestros ciudadanos se verán afectados, no pudiendo acceder al servicio, con lo que se vería afectada nuestra población en las parte de la sanidad, la salubridad y sobre todo la infancia sería la que llevaría el peso de el error.
Poniendo en nuestra Constitución Política un articulo que le de vigencia de bien de dominio público a el agua, y reconociendo como derecho humano fundamental, obligamos a el Estado y sus instituciones a promover legislación y regulaciones que obliguen a su cuido. Veremos de nuevo nuestras riberas de los ríos pobladas de arboles, con el beneficio de eliminacion de las emisiones de carbono, nuestros ríos estarán limpios de nuevo con lo que se podrá renovar la fauna, nuestros nietos se podrán bañar en las pozas, como antaño lo podíamos hacer nosotros en los mismos ríos. Nuestros descendientes agradecerán siempre que les entreguemos una Costa Rica libre de contaminación ambiental, con aire purificado en todos los poblados, y sobre todo que puedan disfrutar de la belleza y compartir los fines de semana con sus familias en la mejor de las añejas tradiciones costarricenses.
Alcemos nuestro vaso, cargados del liquido transparente y digamos a todos !Salud¡
lunes, 19 de julio de 2010
Un mensaje que es necesario llevar a todos.
Educar para la ética, educar para el amor
Leonardo Garnier
Ministro de Educación Pública
Si bien hay que educar para las responsabilidades de la vida cotidiana, sabemos que eso no basta: debemos educar, sobre todo, para una vida buena y plena, una vida trascendente. Esto no es fácil en el mundo en que vivimos, un mundo incierto y cargado de temores, presiones y tentaciones que fácilmente nos empujan al egoísmo malsano, al engaño y la envidia; a la autocomplacencia, a buscar el éxito sin importar los medios y sin importar a quién lastimemos en el camino; en fin, un mundo en el que pareciera que todo se vale.
Frente a estos riesgos - lo hemos dicho muchas veces - debemos educar en la ética y en la estética, debemos educar para la convivencia. Nuestros jóvenes no pueden crecer sin criterios propios en un mundo en el que se diluyen el imperativo moral de luchar por aquello que es correcto o noble o el imperativo estético de expresarnos mediante creaciones artísticas que nos conmuevan.
Pero no es fácil educar en la ética. La ética no es algo que se pueda aprender como mera información, ni siquiera como conocimiento, sino como vivencia, como creencia, como convicción. No se aprende con discursos o sermones, sino mediante una metodología que enfrente a los muchachos con 'dilemas éticos' de todo tipo. La resolución de estos dilemas no puede ser antojadiza o casual, sino que debe incorporar la adquisición de conocimientos y la construcción de criterios éticos mediante procesos sistemáticos de investigación, reflexión y, sobre todo, deliberación.
Estos dilemas pueden encontrarse en cualquier lado: en los problemas que surgen diariamente en las aulas o los centros educativos; en la vida del barrio o la comunidad; en los periódicos o telenoticieros y, por supuesto, en el arte: ¿Quién mejor que Shakespeare para enfrentarnos con dramáticos dilemas éticos? ¿Cómo no angustiarse frente al Guernica? ¿Quién puede leer sin inmutarse Pedro y el Capitán, de Benedetti; o leer "Desgracia" de Coetzee sin sentir tirones en el alma? ¿Cómo no conmoverse con "Murámonos, Federico"?.
Hay prácticas que deben aprenderse y practicarse hasta que se vuelvan casi intuitivas: hacer lo correcto, hacer el bien, sentir en carne propia el dolor y la alegría ajenas, ser solidarios, disfrutar de la diversidad humana, en fin, ser buenos hermanos es algo que solo se aprende viviendo... y reflexionando sobre cómo vivimos. Pero cuidado, porque si algo es evidente para los estudiantes, es la falta de congruencia entre el discurso y la práctica: los jóvenes fácilmente detectan los "sepulcros blanqueados" que sientan cátedra moral en el aula mientras demuestran lo contrario con su vida y con sus hechos. Hay que predicar con el ejemplo y reflexionar sobre ello.
Finalmente, lo principal: entendamos que no se aprende a ser bueno por conveniencia ni por temor. La zanahoria y el garrote no son buenos instrumentos pedagógicos cuando se trata de sentimientos y valores, cuando se trata de construir criterios éticos, cuando se trata de aprender a hacer lo correcto. ¿Podemos aprender a ser buenos por la ambición del premio que nos espera... o por el miedo del castigo que nos impondrán si no lo somos? No, eso no funciona. Lamentablemente, muchos aún creen que sí... y así educan a nuestros jóvenes: pórtese bien y le doy una buena nota; pórtese mal y la boleta. Desde niños nos maleducan de esa forma: si te portás bien el Niño te traerá muchos regalos... si te portás mal te castigará dejándote sin nada. Así, muchos crecemos creyendo que hay que "ser buenos" porque finalmente eso nos traerá beneficios o premios... y que no hay que "ser malos" porque alguien se dará cuenta y nos castigará. Entendámoslo de una vez por todas: eso no es educación, es mero conductismo y su base no es la ética, ni la bondad, ni el amor, sino el egoísmo, la ambición y el miedo.
Queremos que nuestros jóvenes aprendan a ser buenos porque sí, que aprendan a hacer lo correcto porque sí: porque somos hermanos, porque somos humanos y, como tales, enormemente diversos pero intrínsecamente idénticos. Al convivir y descubrirse en los demás, nuestros jóvenes deben aprender a amar y a actuar en consecuencia. Amar sin condiciones, sin segundas intenciones, sin temores, sin esperar más recompensa que la satisfacción de sentir que se hizo lo correcto, la recompensa peculiar del amor que, como bien dijo San Pablo, no tiene envidia, no presume ni se engríe, no es maleducado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Para eso debemos educar, así debemos educar.
Saludos
Leonardo
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