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viernes, 6 de mayo de 2016

Las lecciones de nuestra guerra de bonos con Argentina


El nuevo gobierno reconoció que se trataba simplemente de una disputa comercial

El 22 de abril, cuando la República Argentina completó su acuerdo con los mayores tenedores de bonos impagos desde default de más de $80.000 millones de 2001, un capítulo único en la historia del mercado internacional de bonos llegó a su fin. Elliott Management, la empresa que fundé y que administro, era uno de esos titulares, con bonos adquiridos antes y después de aquella cesación de pagos.

Ríos de tinta han corrido sobre las lecciones que deberían sacarse de esta saga de 15 años para mejorar el proceso de reestructuración de deuda soberana. Ahora que este capítulo está por terminar, nos gustaría añadir nuestra perspectiva al debate.
En 2001, cuando por primera vez invertimos en estos bonos, creíamos que una reestructuración negociada podría ayudar a evitar el default de Argentina. También creímos que si participábamos en una negociación podríamos ayudar a obtener un buen acuerdo para todos los tenedores de bonos del país.
En aquel momento, sin embargo, Argentina optó por el default y sus líderes se negaron a negociar. En general, las reestructuraciones soberanas se completan rápidamente; un estudio de 2013 de la agencia de calificación Moody’s dice que el promedio para ello es alrededor de 10 meses. Pero pasaron casi tres años antes de que el gobierno argentino pusiera siquiera una oferta sobre la mesa.
Cuando finalmente negoció, ofreció a los tenedores de bonos —incluyendo muchos tenedores argentinos— una oferta del tipo “o lo tomas o lo dejas” de nuevos bonos que pagaban de 30 centavos por cada dólar adeudado en los viejos bonos. Los líderes argentinos incluso dieron el extraordinario paso de sancionar una ley que prohibía pagar a cualquier tenedor de bonos que hubiera rechazado esa oferta.
A pesar de estas tácticas coercitivas, más de la mitad de los tenedores extranjeros rechazó los términos unilaterales del país. En 2010, Argentina repitió la oferta de 30 centavos. Muchos de los participantes en este segundo intercambio eran tenedores de bonos que habían sido afectados por la crisis financiera global o que simplemente estaban cansados de esperar.
En ese momento, el gobierno argentino bien podría haber negociado con facilidad un acuerdo con los restantes tenedores de bonos y superar el default de 2001. Como habíamos hecho antes, nuevamente intentamos iniciar una negociación con Argentina.
Nuestros pedidos cayeron en oídos sordos. Lejos de negociar, los líderes argentinos decidieron usarnos como chivo expiatorio de los crecientes problemas económicos del país, insistiendo en que los tenedores de bonos como nosotros nunca cobrarían un solo peso.
En 2012, el tribunal de Nueva York encargado de supervisar las disputas sobre estos bonos ordenó a Argentina de cumplir con la cláusula de trato igualitario del contrato, lo que significa que no podía seguir haciendo los pagos de los bonos reestructurados a menos que arreglara su disputa con los tenedores de los bonos originales.
Argentina se negó a cumplir con el fallo de la corte o a negociar con los acreedores. En cambio, decidió entrar en defaultcon los nuevos bonos y fue declarada en desacato por evadir el cumplimiento de órdenes judiciales.
A finales de 2015, los argentinos eligieron un nuevo gobierno. En ese momento, el país estaba en default con múltiples clases de tenedores de bonos y aislado de los mercados financieros internacionales. Con la economía afectada por una inflación galopante y la fuga de capitales, no es de extrañar que la gente votara por un candidato cuyo lema era “Cambiemos”.
El nuevo gobierno entiende que el camino hacia la prosperidad tenía que empezar con un nuevo compromiso con la economía global y una rápida resolución de la disputa con los acreedores.
Nuestra antigua oferta de negociar finalmente halló una respuesta positiva. En enero comenzó la primera negociación en 15 años. Al igual que con cualquier negociación, hubo fuertes diferencias por ambas partes, pero el nuevo gobierno reconoció que se trataba simplemente de una disputa comercial y no una guerra ideológica. Ese cambio de mentalidad permitió que las conversaciones avanzaran con respeto mutuo y con un interés común en resolver el problema.
Una vez que nos sentamos con alguien dispuesto a negociar, la solución estaba a la vista. En febrero llegamos a un acuerdo que implicó un descuento significativo pero aceptable desde nuestro punto de vista, que ha sido ya pagado gracias al regreso en tiempo récord de Argentina a los mercados internacionales de capital.
A lo largo de esta saga, ciertos comentaristas y políticos argumentaron que las acciones coercitivas impuestas a Argentina por tribunales de Estados Unidos han creado un precedente negativo para futuras reestructuraciones de deuda soberana. Estas personas afirman que los tenedores de bonos ahora tienen pocos incentivos para negociar una solución.
Esta línea de pensamiento es errónea y podría llegar a paralizar los mercados de deuda soberana.
Ante la ausencia de una autoridad capaz de hacer cumplir los fallos judiciales, el valor de los bonos soberanos de crédito dudoso podría rápidamente desplomarse a la primera señal de problemas. Después de todo, ¿quién va a querer este tipo de bonos si los titulares no pueden hacer valer sus derechos y los países pueden pagar lo que ellos quieran y a quienes ellos quieran? Un mundo así sería mucho más caótico que el que tenemos ahora gracias al imperfecto conjunto de alternativas legales con que cuentan los inversionistas.
Por: Paul Singer 


http://www.capital.com.pa/las-lecciones-de-nuestra-guerra-de-bonos-con-argentina/


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jueves, 28 de mayo de 2015

La coyuntura latinoamericana al finalizar mayo



May-27-15
por:   Rosendo Fraga


La visita del Primer Ministro chino (Li Kekiang) a Brasil ratifica el interés estratégico de la potencia asiática por éste país. En julio de 2014, hace diez meses, el Presidente de la potencia asiática (Xi) estuvo en el país más grande de América Latina. De esta manera, Brasil ha recibido en menos de un año a las dos autoridades chinas más importantes, el Presidente y el Primer Ministro. Así como en julio la visita tuvo un interés estratégico multilateral en el marco de  la Cumbre anual de los jefes de estado del grupo BRICS, la de ahora ha sido una visita bilateral con prioridad en la relación económica y comercial. Se firmaron acuerdos de inversión por aproximadamente 50.000 millones de dólares. La prioridad china está en las inversiones en transporte e infraestructura con un doble propósito: el desarrollo de su industria en este campo y el financiamiento de vías de comunicación que faciliten su importación de materias primas. El financiamiento de una vía férrea interoceánica que conecte la costa atlántica de Brasil con la de Perú sobre el Pacífico es uno de los proyectos más importantes de los firmados. Ello sucede cuando la economía brasileña ha caído 0,81% el primer trimestre del año, se estima que la contracción en 2015 puede alcanzar el 1,2%, y que sería la peor desde 1990. Las ganancias de las empresas brasileñas han caído 41% y el desempleo está en el nivel más alto en 4 años. La situación de Brasil se proyecta al promedio de la región. El clima de negocios de ella es el peor desde 2009 y el desempleo subirá 0,2% de acuerdo a la CEPAL y la OIT. El acuerdo con China beneficia a Brasil en este contexto, pero acentúa una relación por la cual el último exporta a la primera materias primas y Brasil compra productos industriales y tecnología china.
El primer ministro chino también visitó los países sudamericanos de la Alianza del Pacífico, al mismo tiempo que EEUU los convoca a participar del Acuerdo Transpacífico. Obama busca firmar el acuerdo de libre comercio que integra a 11 países del Pacífico, que tienen un tercio de la economía mundial, e incluye a la primera (EEUU) y la tercera (Japón), aunque excluye a China. México, Perú y Chile integran este grupo de países. De la Alianza del Pacífico sólo está excluida Colombia por no integrar la APEC, el foro de las economías del Pacífico dentro del cual Washington convocó a integrar el Tratado Transpacífico. El Primer Ministro chino en este viaje visitó Colombia, Perú y Chile además de Brasil, es decir los tres países sudamericanos de la Alianza del Pacífico. Los países de este grupo aparecen así como un área de interés de las dos potencias más importantes al mismo tiempo. Al igual que con Brasil, los acuerdos firmados por China con estos tres países del Pacífico están centrados en inversiones en infraestructura y comunicaciones, vinculadas a la exportaciones de materias primas. Cabe recordar China es hoy el primer socio comercial de Chile, Perú y Brasil.
La Cumbre de la UE con la CELAC que se realiza en Brasilia en la primera semana de junio es otro centro de interés para las relaciones internacionales de la región. Los 28 países que integran la UE, analizados en conjunto, pueden ser un socio comercial tan importante como China, pero en la realidad cada país europeo realiza una política propia en la región que impide una acción eficaz de conjunto. Un ejemplo de ello es la relación con Cuba. Mientras la encargada de relaciones exteriores de la UE (Mogherini) visitó Cuba para avanzar en la normalización de relaciones con el régimen castrista, el Presidente francés (Hollande) fue el primer jefe de estado de una potencia occidental que visitó Cuba, adelantándose a la decisión colectiva. No es fácil hoy una agenda concreta u operativa entre los 28 países europeos y los 33 de la CELAC. Pero igualmente en esta Cumbre bianual que se realiza en Bruselas se avanzará en temas genéricos referidos a inversiones y comercio, y en la coincidencia básica en valores democráticos. En paralelo tendrá lugar una nueva ronda de negociaciones entre la UE y el Mercosur sobre un TLC, que se viene demorando desde hace más de una década. En términos generales, un cuarto del comercio de la CELAC está con EEUU, otro con China, un tercer cuarto con la UE y el resto con todos los demás países sumados. La cuestión es que Europa políticamente no actúa con una política unificada, como sí lo hacen EEUU y China, que son actores globales nacionales.
Al mismo tiempo México ha ratificado su vocación de actuar como potencia mediana, al participar de la quinta reunión de cancilleres del grupo Mikta. Esta sigla representa a México, Indonesia, Corea del Sur (K por su nombre en inglés), Turquía y Australia. Este grupo fue gestado por los países medianos del G20 para dar entidad propia a los países que lo integran, que no están ni en los países desarrollados del G7, ni en los BRICS que reúne a los grandes países emergentes. Es la quinta vez que se reúnen los cancilleres de estos cinco países y lo hacen en el marco de la reunión preparatoria de la Cumbre de jefes de gobierno del G20 que tiene lugar cada seis meses. En el documento de este encuentro, que tuvo lugar el 20 de mayo en Seúl, señalaron que se trata de economías cuya dimensión ya las ubica entre el número 10 y el 20 de mundo, que comparten el sistema democrático como forma de gobierno y que aspiran a concertar políticas en el marco del G20 y otros ámbitos globales. México, con sus 110 millones de habitantes, asume así su vocación de ser un país mediano, sin disputar a Brasil su rol de potencia global en el marco de los BRICS. Argentina es el tercer país de América Latina que integra el G20, pero ha decidido no integrar el MIKTA y buscar en cambio integrar -sin éxito- el BRICS, aunque su dimensión no se lo permite. El otro país del G20 que no está en el G7 o los BRICS es Arabia Saudita, que sí ha iniciado conversaciones para integrarse al MIKTA.
En conclusión: en menos de un año han visitado Brasil el Presidente y el Primer Ministro de China, confirmando la importancia que tiene este país sudamericano para su política regional; el Primer Ministro chino visitó Colombia, Perú y Chile -los dos últimos invitados por EEUU para integrar el Tratado Transpacífico-, mostrando también el interés por la Alianza del Pacífico; la Cumbre de la UE con la CELAC en la primera semana de junio tiene dificultades para desarrollar una agenda concreta, pero puede registrar algún avance en la negociación del TLC con el Mercosur; por último, México ha ratificado su vocación de actuar como país mediano -a diferencia de Brasil- y participa en la quinta reunión de cancilleres del Grupo MIKTA.

http://www.nuevamayoria.com/index.php option=com_content&task=view&id=4723&Itemid=40

jueves, 23 de abril de 2015

Un pilar del neoliberalismo está tambaleando

Roberto Savio


El crecimiento promedio anterior a la crisis financiera estallada en 2008 fue de alrededor de 2,4 por ciento. Se redujo a 1,3 por ciento entre 2008 y 2014 y ahora se estima que se estabilizará en 1,6 por ciento hasta el año 2020, en lo que los economistas llaman la “nueva normalidad”.
En otras palabras, la “normalidad” es ahora el alto desempleo, un crecimiento anémico y, obviamente, un clima político difícil.
Para los países emergentes, el panorama no se ve mucho mejor. Se prevé que el crecimiento potencial siga disminuyendo, de un promedio de alrededor de 6,5 por ciento entre 2008 y 2014 a un estimado 5,2 por ciento durante el período 2015-2020.
El caso de China es el mejor ejemplo. Se espera que el crecimiento descienda de un promedio de 8,3 por ciento en los últimos 10 años, a alrededor de 6,8 por ciento. La contracción de China ha reducido drásticamente los precios de las materias primas y en consecuencia ha dañado a los países exportadores.
La crisis es especialmente fuerte en América Latina. En Brasil, la caída de las exportaciones ha contribuido al empeoramiento de la grave crisis del país y al aumento de la ya elevada impopularidad de su presidenta, DilmaRousseff, debido a la mala gestión económica y el escándalo por las revelaciones sobre laextendida corrupción en Petrobras, la semipública empresa petrolera.
Esto, por cierto, abre una reflexión fundamental. Desde Marx a Keynes, las teorías sobre la redistribución de los ingresos fueron básicamente construidas en el contexto de economías estables o en expansión.
Los partidos progresistas fueron capaces de obtener sus éxitos durante ciclos de crecimiento, pero no han elaborado en pareja medida la teoría a aplicar en épocas de crisis. En tales situaciones, suelen imitar las recetas de la derecha, en un giro que desdibuja la propia identidad progresista y les hace perder adhesiones en el electorado.
La situación en Europa, analizada bajo esta óptica, es aleccionadora. Todos los partidos xenófobos de extrema derecha se han expandido desde 2008,
cuando comenzó la crisis recesiva, incluso en los países nórdicos, considerados modelos de democracia.

Durante el mismo período, los partidos progresistas han perdido peso y credibilidad. Y ahora que el FMI ve alguna mejora en la economía europea, los partidos progresistas tradicionales no han cosechado los beneficios.
El FMI califica el actual momento económico, como “una nueva mediocridad”, que es una definición más franca que “nueva normalidad”. Prevé que en los próximos cinco años enfrentaremos graves problemas en las políticas públicas, como la sostenibilidad fiscal y el desempleo.
Es un hecho que los datos macroeconómicos son cada día menos representativos y suelen ser utilizados para ocultar las realidades sociales.
El mejor ejemplo es Gran Bretaña, campeón del liberalismo, que  cada año reduce el gasto público.
El gobierno británico afirma que en el último año se han creado 600.000 nuevos puestos de trabajo. Sin embargo, la gran mayoría de los nuevos trabajos son a tiempo parcial o mal pagados, y el empleo público está a su nivel más bajo desde 1999.
Un claro indicador es el número de personas que frecuentan los comedores que ofrecen alimentación gratuita a los indigentes. En la sexta economía del mundo, estos han pasado de 20.000 antes de  la crisis, hace siete años, a más de un millón el año pasado.
Y algo semejante sucede en el resto de Europa, aunque en menor medida en los países nórdicos.
De acuerdo con la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria británica, la austeridad ha bloqueado el crecimiento económico en uno por ciento entre 2011 y 2012. Pero, según SimonWren-Lewis, de la Universidad de Oxford, la cifra es en realidad de cinco por ciento, equivalente a 149.000 millones de dólares.
En otras palabras, la austeridad fiscal reduce el crecimiento, y esto crea un gran déficit, que obliga a más austeridad fiscal. Es una trampa que han descrito en detalle los economistas keynesianos, como los Nobel de Economía Joseph Stiglitz y Paul Krugman.
Todos deben seguir el “orden liberal” de Alemania, que cree que su realidad debe ser la norma y las desviaciones tienen que ser castigadas.
La novedad es que en  su análisis sobre “La distribución de los ingresos y su papel en la explicación de la desigualdad “, el FMI, el guardián fiscal que impuso en todo el Sur en desarrolloel consenso de Washington, básicamente una fórmula de austeridad sumada al libre mercado a toda costa, con resultados trágicos,parece ahora haberse despertado.
El  FMI formula una objeción a un principio fundamental de la doctrina liberal. Afirma que la mayor formación de los trabajadores, los sindicatos representativos, y un mayor gasto del Estado ayudan a reducir la desigualdad en los países.
Mientras la participación de los salarios en el ingreso nacional de los países del Grupo de los Siete, los más industrializados, se ha reducido en 12 por ciento en los últimos 30 años, la desigualdad ha crecido en 25 por ciento en las mismas tres décadas.
Esto no significa en absoluto que el FMI se está convirtiendo en una organización progresista, sino muestra que un pilar importante del pensamiento neoliberal se está tambaleando.
Por supuesto que los banqueros, verdaderos responsables de la crisis mundial, han logrado impunidad.
Se han sustraído más de tres billones (millones de millones)de dólares de los ciudadanos de medio mundo, para mantener a los bancos en pie. Los más de 140.000 millones de dólares en multas que los bancos han pagado desde el comienzo de la crisis, dan la medida cuantitativa de sus actividades ilegales y delictivas.
LaOrganización de las Naciones Unidas calcula que la crisis financiera ha creado al menos 200 millones de nuevos pobres, cientos de miles de puestos de trabajo precarios, y varios millones de desempleados, especialmente jóvenes.
Sin embargo, nadie ha sido responsabilizado. Las cárceles están llenas de personas apresadas por robos menores, que han causado un impacto social inmensamente menor.
En cambio en 2014, James Gorman, el jefe del banco Morgan Stanley, cobró 22,5 millones de dólares. El jefe de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, 24 millones, James Dimon, jefe de J. P. Morgan, 20 millones. El  más explotado de todos, Brian Moynihan, del Bank of America, cobró  unos míseros 13 millones de dólares. Nada detiene el auge de los banqueros.
Editado por Pablo Piacentini
http://www.ipsnoticias.net/2015/04/un-pilar-del-neoliberalismo-esta-tambaleando/