Las autoridades locales han convocado una reunión urgente para investigar el origen y la causa de lo sucedido.
El Gran Canal de Venecia, Italia, el 28 de mayo de 2023.Fuente RTLuigi Costantini / AP
El agua en el Gran Canal de Venecia, en Italia, se tiñó de verde este domingo, lo que obligó a las autoridades locales a convocar una reunión urgente para investigar el origen y la causa de la extraña coloración, informa la prensa italiana.
La mancha apareció por la mañana en un punto cercano al famoso puente de Rialto y luego empezó a extenderse por el Gran Canal y otras vías fluviales de la urbe.
El incidente se registró cuando ya había dado comienzo la popular regata de remo Vogalonga, evento que se celebra anualmente como muestra de rechazo ante la presencia cada vez mayor de barcas a motor en los canales de Venecia.
En un primer momento, se especuló con la posibilidad de que se tratara de una manifestación realizada por grupos ambientalistas, pero los resultados preliminares de las muestras del agua tomadas por las fuerzas del orden indican que la fuente sería una especie de 'trazador', un líquido que se inyecta en las tuberías o desagües urbanos en caso de fuga para entender la ruta seguida por la filtración de agua.
Por otra parte, las autoridades aseguran que la sustancia no es tóxica y tampoco representa un peligro para la salud humana. A la espera de los resultados finales de los análisis del agua y de los datos recopilados en la investigación, el Gobierno local mantendrá este lunes una nueva reunión.
Donde han quemado libros, terminarán quemando seres humanos. Heinrich Heine.
El 10 de mayo de 1933, una de las páginas más negras de la historia humana.
No necesita uno hablar, las imágenes lo dicen todo. La barbarie empezö ese día. Fue el verdadero preludio del Holocausto. Lo que siguió después lo había profetizado por Heine.
El 10 de mayo de 1933, se quemaron 20.000 libros en la entonces Opernplatz, luego llamada Bebel Platz, adyacente a la Ópera de Berlín.
Entre los autores cuyos libros fueron quemados estaban Thomas Mann, Stefan Zweig, Erich Maria Remarque, Heinrich Mann, Albert Einstein, HG Wells, Jack London, Upton Sinclair, Helen Keller, Andre Gide, Marcel Proust, Emil Zola y Sigmund Freud.
Estas imágenes lo dirán todo, todo aquello que no debe ser.
América Latina aún soporta jornadas de trabajo demasiado largas
Este artículo forma parte de la cobertura de IPS sobre el Día Internacional de los Trabajadores, el 1 de Mayo.
Trabajadores de la construcción de Chile, entre los beneficiados con la progresiva reducción de la jornada laboral, de las actuales 45 horas hasta 40, dentro de cinco años. La norma ya existía en países como Ecuador y Venezuela, pero en la mayoría de la región aún se contemplan tiempos de labor más extensos. Foto: Camila Lasalle / Sintec
CARACAS – La reducción de la jornada laboral semanal aprobada por el legislativo Congreso Nacional de Chile se inscribió en la tendencia de trabajar menos horas y días, que avanza en las economías modernas, y en paralelo mostró el rezago en ese campo que persiste en otros países de América Latina.
América Latina “tiene una legislación rezagada en cuanto a jornada de trabajo y es imperativo que se haga una revisión”, observó el director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para el Cono Sur americano, Fabio Bertranou, una vez aprobada la nueva norma chilena.
La jornada semanal en Chile era de 45 horas, y de manera paulatina ese límite se reducirá en una hora anual durante cinco años hasta quedar en 40 horas, según la norma que el presidente Gabriel Boric, jubiloso, promulgó el 14 de abril.
“Tras muchos años sumando apoyo y dialogando, hoy por fin podemos celebrar la aprobación de este proyecto que reduce la jornada laboral, un proyecto profamilia, que apunta al buen vivir de todas y todos”, dijo Boric.
La ley prevé la posibilidad de trabajar cuatro días y descansar tres, de hacer un máximo de cinco horas extras por semana, y accede a excepciones en sectores como minería y transporte, donde pueden laborarse hasta 52 horas semanales, a condición de compensar con menos horas en otra semana de labor.
“La organización de la labor con el trabajo no humano, el de la inteligencia artificial, puede reducir masivamente el empleo y hacer que 40 horas semanales ya sea una cantidad inmensa de trabajo”: Francisco Iturraspe.
Chile se alinea así con sus socios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en algunos de los cuales, como Australia, Dinamarca y Francia, se trabaja menos de 40 horas, mientras que en otros, como Alemania, Colombia, México o el Reino Unido, se trabaja más.
La reforma chilena fue el acontecimiento destacado en el mundo del trabajo latinoamericano al acercarse una nueva conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores, el lunes 1 de mayo.
El presidente Gabriel Boric celebra la modificación de la ley laboral que hizo el Congreso chileno para reducir la jornada laboral como un logro que «apunta al buen vivir de todos y todas», en el entendido de que los trabajadores dispondrán de más tiempo para el descanso y la vida familiar. Foto: Presidencia de Chile
Variedad latinoamericana
De acuerdo con datos de la OIT, hasta la década pasada dos países de la región, Ecuador y Venezuela, sostenían legalmente la jornada laboral límite de 40 horas, mientras que, como Chile hasta ahora, Brasil, El Salvador, Guatemala y República Dominicana estaban en el rango entre 42 y 45 horas.
En el tope de las 48 horas se ubicaban Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay.
Según las normas nacionales, el máximo de horas semanales que se permite trabajar es de 48 en Brasil y Venezuela; y en Argentina, Ecuador, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Uruguay está entre 49 y 59 horas.
En Bolivia, Colombia, Costa Rica, Guatemala y Honduras el tope es de 60 o más horas, y en El Salvador y Perú simplemente no hay límite.
Se trata aquí de las semanas, distintas a las ordinarias, en las que por razones específicas se autoriza un tiempo extraordinario de labor.
Sin embargo, en la práctica se trabaja menos, pues el promedio regional está en 39,9 horas, más que en Europa occidental, América del Norte y África (entre 37,2 y 38,8 horas), pero menos que en los Estados árabes y del Pacífico y Asia, donde se labora con promedios entre 44 y 49 horas semanales.
Los datos de la OIT mostraron que en el año 2016 en América Latina los trabajadores hombres laboraron 44,9 horas semanales en promedio y las mujeres 36,3, una reducción de 1,7 horas respecto a cifras de 2005 en el caso de los hombres y de media hora en el caso de las mujeres.
Entre los trabajadores domésticos, la merma fue de 3,3 horas entre los hombres y de más de cinco horas entre las mujeres (de 38,1 a 32,9 horas), lo que se atribuye en parte a que después de 2005 avanzó la legislación para equiparar en tiempo de labor de las trabajadoras domésticas con el resto de trabajadores.
Una maestra se conecta desde su casa con sus estudiantes en un ejercicio de teletrabajo. Esa tendencia avanzó en diferentes sectores en América Latina durante la pandemia de covid-19 y permite a los trabajadores una organización más libre del tiempo de labor, aunque en ocasiones implica trabajar tiempo extra. Foto: Marcel Crozet / OIT
Salud y teletrabajo
Un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la OIT atribuye a las largas jornadas de labor -especialmente las que rebasan las 55 horas semanales- la muerte de unos 750 000 trabajadores cada año.
La investigación de esas agencias indicó que en el mundo en 2016 murieron 398 000 trabajadores por accidente cerebrovascular y 347 000 por cardiopatía isquémica, males que se disparan por el estrés prolongado asociado a largas jornadas, o por respuestas riesgosas como consumo de tabaco, alcohol y dietas no saludables.
María Neira, directora de Ambiente, Cambio Climático y Salud en la OMS, dijo al respecto que “trabajar 55 horas o más por semana es un grave peligro para la salud. Es hora de que todos, gobiernos, empleadores y empleados, nos demos cuenta de que las largas jornadas laborales pueden provocar una muerte prematura”.
Por otra parte, la tendencia del teletrabajo registró un auge en todo el mundo durante la pandemia covid-19 y alcanzó a 23 millones de trabajadores en América Latina y el Caribe, principalmente asalariados formales con alto nivel educativo, empleos estables y en ocupaciones profesionales y administrativas.
El acceso al teletrabajo ha sido mucho menor para los trabajadores informales, por cuenta propia, jóvenes, los de menores calificaciones y de bajos ingresos laborales, y para las mujeres sobre las que recaen más responsabilidades familiares.
Un análisis del especialista latinoamericano de la OIT Andrés Marinakis reconoció que “en general, los teletrabajadores tienen cierta autonomía para determinar la organización de su jornada y se evalúa su desempeño principalmente a través de los resultados de su trabajo más que por las horas que tomó para hacerlo”.
Pero “diversos estudios han encontrado que en muchos casos quienes teletrabajan realizan jornadas laborales un poco superiores a la habitual, los límites entre las horas habituales y las extraordinarias son menos nítidos”, y esa situación se refuerza con los dispositivos electrónicos disponibles, expuso Marinakis, con su sede en Santiago de Chile.
De ese modo “es posible el contacto con colegas y supervisores en cualquier momento y lugar, extendiendo la jornada más allá de lo habitual”, lo que plantea “la necesidad de establecer con claridad un período de desconexión que permita un descanso efectivo del trabajador”, agregó el analista.
La inteligencia artificial, por ejemplo con los robots que trabajan con gran precisión y rapidez, favorece el desarrollo tecnológico de los países y aumenta la productividad al reducir costos en la producción de bienes o servicios, pero puede conducir a importantes reducciones del empleo. Foto: BID
La otra cara
Por otra parte, en el horizonte aparece que “la organización de la labor con el trabajo no humano, el de la inteligencia artificial, puede reducir masivamente el empleo y hacer que 40 horas semanales ya sea una cantidad inmensa de trabajo”, observó a IPS, en conversación telefónica, el laboralista argentino Francisco Iturraspe.
La reducción de la jornada “responde a criterios propios del siglo XIX, mientras en el XXI existe el desafío de atender la necesidad de desarrollo tecnológico y su impacto en nuestros países”, opinó el experto desde la ciudad de Rosario, en el sudeste argentino.
Sostuvo que “en la medida en que se disponga de mano de obra abundante y barata, y la gente deba trabajar más horas, los empresarios necesitarán menos inversión en tecnología y así el desarrollo se detiene”.
Pero, por otra parte, Iturraspe destaca que la inversión en tecnologías como la inteligencia artificial reduce el costo de producción de bienes y servicios, evocando la tesis del costo marginal cero expuesta en sus obras por el economista estadounidense Jeremy Rifkin, autor, entre otros libros, de “El fin del trabajo”.
Eso se traduce en reducción de la mano de obra necesaria para producir y distribuir bienes y servicios, “quizá hasta de la mitad según algunos economistas, giro copernicano que nos llevaría a una situación de desempleo masivo”.
Por el filo de esa navaja camina la búsqueda de reducir la jornada de trabajo, “con la esperanza de que la reducción del tiempo de labor pueda dar a los seres humanos trabajadores nuevas formas de afrontar la vida”, concluyó Iturraspe.
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente
los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión
de Las2orillas.
Por: Ramón Jimeno | abril 09, 2023.
Juzgarán no al Trump que compra el silencio de los medios, sino a un presidente
empeñado en alterar resultados electorales con mentiras, manipulaciones o la
fuerza
Contrario a lo que algunos creen, la primera acusación penal contra Trump
que toma vuelo no es por haberle pagado a la actriz y directora de cine porno
Stormy Daniels para que con su silencio ocultara un desliz. El caso del fiscal
Bragg es porque Trump ordenó pagar para ocultar una conducta que afectaría el
resultado electoral: al impedir que se publicara algo que le haría daño evitaba
que la información llegara al elector, es decir afectaba el resultado electoral.
Impedir que el ciudadano cuente con información cierta y pagar para ocultarla es
interferir en el resultado de una elección federal. Esta es la tesis que el
fiscal Bragg deberá demostrar en juicio. Lo que está en juicio no es la
inmoralidad de Trump sino sus esfuerzos por destruir la democracia.
Tratar de alterar los resultados electorales es atentar contra la democracia. Trump lo
intentó de nuevo en 2020 al lanzar las falsas acusaciones de fraude en las
elecciones de ese año, cuando era evidente que perdía. Lo hizo sin que existiera
sustento alguno para su mentira. Hay otros caso penal en gestación contra Trump,
en Georgia por sus actuaciones y omisiones en la toma violenta del Congreso del
6 de enero en la que murieron servidores públicos que trataban -ellos sí- de
defender la democracia. La justicia juzgará no a un personaje que compra el
silencio de los medios sino a un presidente empeñado en alterar los resultados
electorales por medio de mentiras, manipulaciones o por la fuerza.
La autonomía
del poder judicial es fundamental para aplicar frenos y sanciones frente a
excesos y delitos de políticos y gobernantes que consideran que todo vale para
llegar al poder y para conservarlo. Pero sin duda los esfuerzo de la extrema
derecha para alterar los resultados electorales incluye acciones en la formación
de opinión pública y por sus fue su objetivo dominar medios de comunicación
masiva- al igual que tomar el control del poder judicial.
La toma de los medios en Estados Unidos implicó dejar de lado la Doctrina de la FCC de la
imparcialidad que rigió desde 1949. En 1987 Ronald Reagan la revocó para
facilitar que la derecha desarrollara sus medios de comunicación sin aplicar
normas del periodismo que garantizaban la calidad de la información que se le
ofrece al ciudadano. Alegando que las exigencias eran una restricción a la
libertad de expresión y de opinión, Reagan abrió las puertas para que se
consolidaran como medios de comunicación empresas como Fox News, ideologizados y
con interés de generar utilidades, que sin respetar normas ni principios se
convirtió en el canal de mayor audiencia en Estados Unidos. No son los mejores,
pero tiene la mayor audiencia y la credibilidad de su audiencia. Generan opinión
y juegan un papel importante para consolidar fraudes electorales o para
manipular al electorado.
La empresa Dominion (que produce máquinas electorales que usan en estados como Georgia) demandó a Fox News por USD $ 1.600 millones
por divulgar y sostener las mentiras de Trump sobre el supuesto fraude electoral
de 2020. Fox argumentó que las máquinas de Dominion permitían que se pasara de
manera masiva votos de Trump a Biden, sin que existiera evidencia alguna.
Incluso dijeron que detrás de Dominion estaba Maduro, el de Venezuela. Los
dueños demandaron ante el daño reputacional de las acusaciones y el juicio tiene
contra las cuerdas a las estrellas de Fox y a su dueño.
___ Ellos creían que si decían la verdad – que no había fraude- sus seguidores
republicanos dejarían de verlos y se caerían sus ratings pues su audiencia
fanatizada solo quería oír que a su héroe lo querían destronar con trampas
____
El equipo editorial, los altos ejecutivos y Murdoch como propietario quedaron en
evidencia tras la revelación de testimonios de sus propios empleados, y de la
cadena de correos y comunicaciones internas que confirmaron que eran conscientes
que transmitían falsas informaciones, sin fundamentos, sin indicios siquiera.
¿Por qué lo hicieron? Las estrellas sostienen que ellos creían que si decían la
verdad – que no había fraude- sus seguidores republicanos dejarían de verlos y
se caerían sus ratings pues su audiencia fanatizada solo quería oír que a su
héroe lo querían destronar con trampas. Así la mentira se sostuvo al aire y
prosperó hasta el punto de que aun hoy más de la mitad de los republicanos creen
que a Trump le robaron las elecciones. Esta meta realidad confirma el daño que le
hace a la democracia la toma de los medios por la extrema derecha.
En el terreno judicial la acción consiste en nombrar jueces que respondan a la ideología de la
extrema derecha y no a los normas y principios constitucionales. Trump logró
avances al nombrar decenas de jueces de su corriente ideológica y a los dos
magistrados con los que consiguió la mayoría ultraconservadora en la Corte
Suprema. La revocatoria del derecho de las mujeres a decidir sobre lo que hacen
con sus cuerpos es uno de los grandes retrocesos del trumpismo gracias a la
nueva mayoría de la Corte que impone sus creencias religiosas sobre los
principios de la Constitución. La rabia porque la mujer tenga los mismos
derechos, o porque existan negros, homosexuales, judíos, o porque los
supremacistas blancos no sean quienes lideren la nación está llegando a los tres
poderes en Estados Unidos y amenaza dominar si los norteamericanos no
reaccionan.
El escándalo del magistrado Clarence Thomas -que expuso Propública a
partir de una larga y profunda investigación- ilustra otra variante sobre cómo
funciona la cooptación judicial. El multimillonario ultraconservador Harlan
Crow, coleccionista de las “obras” de Hitler y otros dictadores como Mussolini y
Stalin le hace invitaciones anuales al magistrado por US$500 mil dólares. Lo
lleva a pasear por el mundo en su avión privado, a cruceros en sus yates y a
estadías en sus lujosos resorts. Expuesto ante las evidencias el magistrado
Thomas dice que sus colegas le dijeron que no era necesario registrar esos
regalos. Por supuesto es una burla a las normas éticas que deben cumplir los
magistrados, y es la forma de mantener asegurado el respaldo del juez a las
doctrinas ultraconservadoras que ya con las mayorías pueden consolidar los
cambios contra la democracia.